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El largo camino hacia la justicia de una sobreviviente de tortura sexual en México: la historia de Claudia

por Maribel Hernández

“Al principio me decía que mejor me hubiera muerto en ese momento, porque es duro. Lo que me sucedió es una cicatriz que te marca para toda la vida, es algo que va a estar ahí siempre. Una cicatriz que se queda en tu alma y en tu cuerpo”.

La voz de Claudia Medina Tamariz se vuelve a hacer fuerte después de relatar por teléfono el calvario que sufrió a manos de miembros de la Secretaría de Marina Armada de México, en Veracruz. “¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que le hagan a una justicia?”, se preguntaba en septiembre de 2014.

“Me sentaron en una silla metálica y me amarraron los pies a cada pata y los dedos a unos cables, entonces me echaron una cubetada de agua y subieron la música. Cuando subían la música me daban las descargas eléctricas”, relata entrecortadamente. De ahí a ser enrollada con un hule, pateada, le tiraron agua y salsa picante por las fosas nasales, le introdujeron los dedos en la vagina… Y sigue recordando en silencio.

Aquellos días, Claudia le ponía rostro al último informe de Amnistía Internacional sobre tortura en México, un documento que revelaba el preocupante incremento de las víctimas de este tipo de violación de derechos humanos. En diez años, el número de denuncias se ha multiplicado por seis. La tortura, advertía Amnistía Internacional, se ha convertido en una realidad fuera de control en el país y, en el caso de las mujeres, está revestida de unos tintes particulares fruto de la tradición patriarcal y machista de la sociedad mexicana

Hay vidas que se rompen en el momento más inesperado. Sin avisos. Sin sentido alguno. La de Claudia, una joven de 34 años, madre de tres hijos, dedicada a la venta de productos naturistas, dejó de ser la que era la noche del 7 de agosto de 2012. “Eran las tres de la madrugada cuando escuché ruidos. Le dije a mi esposo que nos habían entrado a robar y me levanté. Preguntamos quién era y de un golpe abrieron la puerta y se metieron en la habitación unos hombres de la Marina Armada. Nos tiraron al suelo, nos vendaron los ojos y las manos, y nos sacaron. Yo iba descalza, en ropa de dormir”, recuerda.

Tras ser detenida arbitrariamente, Claudia fue trasladada a una base naval donde la torturaron física, psicológica y sexualmente durante 36 horas. Más de dos mil minutos de amenazas, descargas eléctricas, asfixia y vejaciones sexuales, entre coacciones y acusaciones de pertenencia a una banda criminal.

“Me sentaron en una silla metálica y me amarraron los pies a cada pata y los dedos a unos cables, entonces me echaron una cubetada de agua y subieron la música. Cuando subían la música me daban las descargas eléctricas”, relata entrecortadamente. De ahí a ser enrollada con un hule, pateada, le tiraron agua y salsa picante por las fosas nasales, le introdujeron los dedos en la vagina… Y sigue recordando en silencio.

Cuando la amenazaron con hacer daño a sus hijos Claudia firmó sin leer una declaración en la que se autoinculpaba de formar parte del Cártel de Jalisco Nueva Generación. “O tú ya sabes”. Entonces fue presentada ante los medios de comunicación “como la más delincuente del mundo” junto a otras seis personas. Su esposo ingresó en Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) de Villa Aldama, en Veracruz, donde permanece recluido. Ella sería encarcelada en el centro penal de mujeres de Cieneguillas Zacatecas.

Tardó un par de días en contar la pesadilla que había sufrido. “Por temor, por vergüenza de lo que me había pasado”, reconoce. Un juzgado de Veracruz retiró los cargos en su contra salvo el de posesión de arma de uso exclusivo de las fuerzas armadas. Dos semanas después de entrar en prisión quedó en libertad provisional a la espera de juicio. Ahí comenzó su batalla: “agarro valor y me digo que no me voy a quedar callada”.

Claudia Medina ha sido una de las once mujeres mexicanas que en mayo de 2014 impulsaron la campaña “Rompiendo el silencio: todas juntas contra la tortura sexual”. Acompañadas por organizaciones como el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez -que asumió su defensa- las sobrevivientes han alzado la voz en contra de esta forma de violencia. Juntas tratan de visibilizar el patrón sistemático de tortura sexual al que se enfrentan las mujeres mexicanas víctimas de detenciones arbitrarias, malos tratos y falsas imputaciones en el marco del endurecimiento de las políticas de seguridad.

Hablan a pesar del miedo y del trauma. “Yo ahorita la vida la veo diferente. Todo esto rompió la vida cotidiana que yo llevaba. Cuando los medios de comunicación la ponen a una como delincuente la gente le hace mucho caso a eso. Al principio una se reprocha, se pregunta por qué a mí, por qué me sucede todo esto. Por qué. Es un trauma difícil de superar, un daño que me tocó sin saber”, se responde a sí misma.

El pasado 6 de febrero, el Tercer Tribunal Unitario del Poder Judicial de la Federación, en Xalapa (Veracruz), resolvió a favor del recurso interpuesto por Claudia Medina, decretando su “inmediata libertad” y exonerándola del delito de portación de arma. La sentencia ponía el punto y final a una batalla legal de más de dos años y medio. Libre, con el reconocimiento de que siempre dijo la verdad, la mexicana inicia ahora la lucha contra la impunidad de sus agresores:  “Que esto ya no le suceda a más mujeres”.

 claudia 1
 Créditos fotos

Rueda de prensa: CentroProdh
Foto de Claudia: Amnistía Internacional

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