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La lucha por la despenalización del aborto en Bolivia

por María Elvira Alvarez

“Un millón de mujeres aborta cada año en Francia. Lo hacen en condiciones peligrosas por la clandestinidad a la que se ven condenadas, cuando esta operación, practicada bajo control médico, es de las más sencillas. Se sume en el silencio a estas millones de mujeres. Declaro que soy una de ellas. Declaro haber abortado. Al igual que reclamamos el libre acceso a métodos anticonceptivos, reclamamos el aborto libre.”

Simone de Beauvoir, “Manifeste des 343 salopes”, 5 de abril de 1971.

44 años después que Simone de Beauvoir firmara el “manifiesto de las 343 putas” (“Manifeste des 343 salopes”) en el que afirmaba haber abortado, participando así de las luchas feministas de las francesas por el aborto, en la mayoría de los países de Latinoamérica en 2015 nos vemos aun privadas de este derecho tan básico.

En Bolivia el aborto es ilegal según las reformas introducidas en el código penal en 1973 bajo la dictadura de Hugo Bánzer (1971-1978). El aborto está despenalizado en los casos siguientes: violación, rapto no seguido por matrimonio, estupro o incesto, o en caso de grave riesgo de vida o salud de la madre. Hasta febrero del 2014 se necesitaba de una autorización judicial para poder llevar a cabo un aborto en dichos casos. A partir de esa fecha, se requiere solamente el documento de la denuncia de uno de estos actos delictivos.

De la misma manera y como se hace en países como Francia donde las tasas de embarazos no deseados son bajas, las menores de 18 años deberían poder tener acceso a la pastilla del día siguiente en los colegios y las farmacias de manera anónima y gratuita sin necesidad del consentimiento de los padres. Los discursos simplistas, religiosos y moralistas tan presentes en la sociedad boliviana no deberían tener cabida en la discusión e implementación de estas políticas.

Rigen sobre nuestros cuerpos, y en democracia, las normas de una de las dictaduras más infames del Cono Sur donde las libertades no eran respetadas y donde se torturaba, asesinaba y desaparecía gente. En 2014 se nos quiso hacer pasar como un “gran avance” que no se necesite de una autorización judicial para abortar después de una violación, o cuando se está a punto de morir, cuando lo cierto es que las bolivianas esperábamos y exigíamos que el aborto sea libre, seguro y gratuito sea cual sea la circunstancia para llevarlo a cabo.

El debate sobre la despenalización del aborto que se inició en marzo de 2012, cuando la diputada del MAS, Patricia Mansilla, pidió una acción de inconstitucionalidad contra los artículos del código penal que penalizan el aborto, no es el primero que se lleva a cabo en Bolivia. Ya en los 90’s se inició un debate por la despenalización del aborto en el que las feministas de la agrupación Mujeres Creando grafitearon por las calles de la ciudad de La Paz que “si Goni tuviera útero, el aborto sería capitalizado y privatizado” en referencia al presidente de la época Gonzalo Sánchez de Lozada. Cuando el debate se inició el 2012, Evo Morales, afirmó públicamente que él consideraba el aborto como un delito. Para esa ocasión las feministas de Mujeres Creando afirmaron en las calles de La Paz que “si Evo se embarazara el aborto sería nacionalizado y constitucionalizado”. Como efectivamente Evo no se embarazó, el Tribunal Constitucional emitió un fallo en el que se establece que según la Constitución Política “el derecho a la vida se inicia desde el momento de la concepción” limitando considerablemente el debate, cuando la Constitución en el artículo 66 establece que “se garantiza a las mujeres y a los hombres el ejercicio de sus derechos sexuales y sus derechos reproductivos”.

Para los miembros del Tribunal Constitucional y para una parte de la sociedad boliviana el derecho a la vida de las mujeres claramente es poco importante y se han mostrado sordos y ciegos ante la realidad: las mujeres abortan y seguirán abortando aunque el aborto esté penalizado, viéndose obligadas a hacerlo en las peores condiciones de salubridad. Las tasas de abortos más altas del mundo se encuentran en los países donde el aborto es ilegal: 32 por 1000 en América Latina; 29 por 1000 en África[1]. 1 de cada 2 mujeres en Bolivia afirma haber enfrentado un embarazo no deseado en su vida. Más de 1 de 10 revela haberse realizado un aborto inducido[2]. Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas de Bolivia, cada año se producen 40.000 abortos, cifra muy tímida frente a investigaciones que hablan de 80.000 abortos al año, es decir 215 abortos al día[3]. No se tienen datos exactos sobre las muertes causadas por abortos, pero se estima que 60 muertes suceden por cada 10 000 abortos[4]. Según la OMS, el aborto clandestino es causante del 9.1% de las muertes maternas en Bolivia, siendo así la tercera causa de muerte materna en ese país[5].

Evidentemente las mujeres que más mueren son las que no tienen los contactos y los más de 400$ que cuesta hacerse un aborto en condiciones seguras en un país donde el salario mínimo es de 206$[6]. El resultado es, primero, que hay médicos que se benefician de la ilegalidad del aborto pues para ellos representa un negocio lucrativo, y segundo, que muchas de las mujeres[7] se ven obligadas a adoptar métodos completamente inseguros e ineficaces como ser el uso de infusiones, inyecciones, caídas, carga de objetos pesados e introducción de objetos en la vagina. Se trata de una cuestión de injusticia social que ni Evo Morales, ni los miembros del Tribunal Constitucional, ni una gran parte de la sociedad boliviana hipócrita, conservadora, católica y patriarcal quieren comprender.

Las mujeres y diversas organizaciones feministas de Bolivia nos movilizamos mientras duraba el debate sobre la despenalización del aborto saliendo a las calles, haciendo mítines, escribiendo en la prensa y en las calles y gran parte de los periodistas e intelectuales del país ha contribuido al debate avanzando cifras y demostrando que se trata de un problema de salud pública.

El gobierno de Evo Morales se ha lavado las manos, cuando el Estado debería estar encargado de llevar a cabo políticas de educación sexual y de fácil acceso a métodos anticonceptivos en el campo y las ciudades, a través de los colegios, instituciones públicas y centros de salud donde deberían ser distribuidos de manera anónima y gratuita condones y otros métodos anticonceptivos. De la misma manera y como se hace en países como Francia donde las tasas de embarazos no deseados son bajas, las menores de 18 años deberían poder tener acceso a la pastilla del día siguiente en los colegios y las farmacias de manera anónima y gratuita sin necesidad del consentimiento de los padres. Los discursos simplistas, religiosos y moralistas tan presentes en la sociedad boliviana no deberían tener cabida en la discusión e implementación de estas políticas.

Exigimos que el Estado se haga cargo de manera eficaz de la sexualidad de su población como un tema de salud pública. Exigimos que el aborto sea libre, seguro y gratuito para evitar la muerte de miles de mujeres.

¡Las mujeres en Latinoamérica somos y debemos ser dueñas de nuestros cuerpos, la lucha por la despenalización del aborto continúa y no nos cansaremos ni nos callaremos hasta conseguirlo!

Referencias

[1] https://www.guttmacher.org/
[2] Arévalo Hugo, Dr. De la Gálvez Murillo C. Alberto, Las cifras hablan. El aborto es un problema de salud pública, Ed. Ximena Pabón Frías, La Paz, 2011.
[3] Aliaga Bruch Sandra, Machiacao Barbery Ximena, Garcia Pimental Franklin y Bury Louise, Situaciones evitables: embarazos no deseados y abortos inseguros en cinco ciudades de Bolivia, CIDEM, 2011.
[4] Católicas por el Derecho a decidir, Mortalidad materna vinculada al aborto en Bolivia. Los casos de Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca. Informe final, La Paz, 2011.
[5] Aliaga Bruch Sandra, Machiacao Barbery Ximena, Garcia Pimental Franklin y Bury Louise, Situaciones evitables: embarazos no deseados y abortos inseguros en cinco ciudades de Bolivia, CIDEM, 2011.
[6]http://www.economiayfinanzas.gob.bo/index.php?opcion=com_contenido&ver=contenido&id=1215&seccion=306&categoria=446
[7] 21% de las mujeres que abortan recurren a estos métodos. Aliaga Bruch Sandra, Machiacao Barbery Ximena, Garcia Pimental Franklin y Bury Louise, Situaciones evitables: embarazos no deseados y abortos inseguros en cinco ciudades de Bolivia, CIDEM, 2011.

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