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Sobre la Ley de Aborto en Chile: algunas consideraciones de contexto.

por Camila Ponce Lara y Natalia Miranda Torres

“El aborto libre y gratuito no es un objetivo final en la lucha de las mujeres. Al contrario, corresponde a la exigencia más elemental”

“El debate sobre el aborto que tiene lugar, actualmente, ignora a sus principales interesadas, las mujeres”

Simone de Beauvoir, extracto de “Manifeste des 343 salopes”, 5 de abril de 1971.

El aborto vuelve al debate en Chile puesto que a fines de Enero, la presidenta Michelle Bachelet firma lo que constituye el proyecto de ley para la despenalización del aborto.

Este proyecto contempla eliminar la penalización para la mujer cuando se realiza un aborto para tres situaciones particulares: cuando existe riesgo de la vida de la madre -presente o futuro-, cuando hay inviabilidad del feto (por ejemplo, cuando el embrión o feto resulta incompatible con la vida fuera del útero materno), y finalmente cuando existen casos de violación. Además demarca ciertas consideraciones sobre su práctica: el límite para la interrupción del embarazo es hasta de 12 semanas de gestación, mientras que para las menores de 14 años se consideran 18 semanas. También considera el derecho de ‘objeción de conciencia’ para los médicos tratantes, los cuales de acuerdo a sus convicciones personales pueden negarse a tratar a la paciente pero a su vez tienen la obligación de derivarla a otro profesional que pueda realizar el procedimiento.

El aborto con fines terapéuticos no debe verse como algo tan descabellado en el país. Aunque parezca increíble, entre 1931 y 1989 Chile era mucho menos conservador en estas materias, puesto que esta tipificación de aborto se encontraba permitida. Con la introducción del artículo 119 del Código Sanitario era posible “interrumpir el embarazo por causas de salud de la mujer, para lo cual basta la firma de dos médicos cirujanos”, contemplando situaciones como las anteriores. Este artículo es revertido durante los últimos días del Gobierno Militar por el Almirante y entonces Presidente de la Junta de Gobierno, José Toribio Merino (y por lo mismo es recordada como la “Ley Merino”)..

Aunque a nivel general consideramos que este proyecto se emplaza como un –primer- gran avance para las mujeres en torno a responder a una realidad que ‘existe’, creemos que varios puntos de contexto se entrecruzan en el debate, precisamente aquellos que van coloreando la discusión, y por cierto la postura valórica de la población sobre el tema.

Sólo por nombrar algunos ejemplos. El debate sobre el aborto es duramente cuestionado en un país que presenta una elite tan conservadora como la chilena, donde hace algunos años las cadenas de farmacias se coludían y se negaban a vender la polémica “pastilla del día después”.

En otros sectores conservadores, el debate gira sobre el momento en que se concibe la vida del niño que aún no ha nacido, y en ese sentido sobre la posibilidad de considerar al cigoto como un ser humano. Por ejemplo, la red Provida expresa que según ellos no habría diferencia entre un tipo de aborto u otro pues “todo aborto provocado supone la muerte de una persona como medio para hacer la vida más fácil a otras”, en una postura bastante simplista. ¿Hasta qué punto la práctica abortiva facilita la vida de quien aborta? ¿Acaso no existe el llamado estrés post-traumático, siendo el aborto una de las prácticas médicas que más probabilidades tiene de generar este trastorno?

Por su parte, la postura de la Iglesia Católica. Hace un par de años cuando la discusión sobre el aborto terapéutico comenzaba a emplazarse, el Arzobispo de Santiago Ricardo Ezzati en su valoración al rechazo del Senado a legislar sobre proyectos de ley sobre el mismo expresa que “sin el respeto a la vida, no puede haber ningún otro tipo de derecho”, y enfatiza que “la Iglesia afirma que la vida es el don más grande que hemos recibido y es el fundamento de todos los demás derechos del hombre”. Si bien está en su derecho a manifestar la postura de la Iglesia, no podemos dejar de preguntarnos: ¿hasta cuándo el conservadurismo permite que la Iglesia siga dictando cátedra de moral en un afán totalizante? ¿O acaso olvidamos que Chile es un país laico donde la separación Estado-Iglesia data de 1925?

Luego, no hace muchos días atrás un reconocido diputado de la coalición gobernante al referirse al proyecto de ley, relativiza con sus declaraciones que muchas mujeres son violadas porque “a lo mejor, tomaron un traguito de más”. Horas más tarde se retracta públicamente de sus dichos y pide las disculpas de rigor. Lo que llama la atención de sus declaraciones originales es cuando señala dentro de las causas de violación “que el hombre es muy hábil y las convenció y ella no quería”, y luego cuestiona si esto efectivamente se puede tildar como una violación. ¿Y es que acaso no lo es? ¿Desde cuándo un acto sexual no consentido por al menos una de las partes NO es una violación? ¿No estará siendo “hábil” en sus declaraciones y convenciéndonos de que no piensa lo que dijo inicialmente cuando en realidad sí lo piensa para no tener problemas con sus simpatizantes y con la Nueva Mayoría?

Por su parte, llama bastante la atención la opinión de la ciudadanía. Algunas encuestas perfilan a la población chilena como bastante alineada sobre la necesidad de despenalizar el aborto. Según la encuesta nacional UDP-ICSO 2014, el 70% coincide en la necesidad de despenalizar el aborto en caso de riesgo de embarazo de la madre, 67% si el feto tiene un defecto que hace inviable su vida fuera del útero, y finalmente un 61,9% en casos donde la mujer ha sido víctima de una violación. No obstante, en el caso de que una mujer no deseara tener a su hijo, sólo el 26,7% de los chilenos considera que debiera existir despenalización. Inmediatamente nos preguntamos: ¿Por qué se debería obligar a estas mujeres a tener un hijo en contra de su deseo? ¿Por qué tiene que pagar con penas carcelarias lo que es parte de sus derechos intrínsecos como mujer, como es el derecho a decidir?

El aborto con fines terapéuticos no debe verse como algo tan descabellado en el país. Aunque parezca increíble, entre 1931 y 1989 Chile era mucho menos conservador en estas materias, puesto que esta tipificación de aborto se encontraba permitida. Con la introducción del artículo 119 del Código Sanitario era posible “interrumpir el embarazo por causas de salud de la mujer, para lo cual basta la firma de dos médicos cirujanos”, contemplando situaciones como las anteriores. Este artículo es revertido durante los últimos días del Gobierno Militar por el Almirante y entonces Presidente de la Junta de Gobierno, José Toribio Merino (y por lo mismo es recordada como la “Ley Merino“).

Así bien, la realidad en Chile es compleja. El país tiene la tasa de abortos más alta de América Latina, alcanzando los 40 mil abortos al año los cuales sólo refieren a ‘abortos reportados’, puesto que la manera de medición refiere sólo a mujeres que llegan a recintos hospitalarios. Los abortos clandestinos son una práctica muy común que incluyen la introducción de tallos de perejil en la vagina, palillos de tejer, ganchos para colgar ropa o algún objeto con punta, sin olvidar el conocido fármaco Misotrol que produce una hemorragia que permite la expulsión del embrión. Nuestro país, junto con El Salvador, Nicaragua, República Dominicana y Malta, son los únicos países donde se sanciona el aborto de forma total y sin excepción.

Y sí. Todas estas realidades conviven en un mismo país. Lo que nos llama la atención en todo esto es la ausencia de figuras femeninas en la discusión pública. ¿Dónde están? ¿Dónde estamos?.

En ese sentido, consideramos la iniciativa de la ley de despenalización como lo que es: una iniciativa. Porque pareciera que las pocas mujeres que intervienen en el debate lo hacen por su posición de poder –Presidenta de la República y Ministra del Servicio Nacional de la Mujer- y no por su naturaleza más íntima que es ciertamente “ser mujeres”.

Precisamente desde esta ausencia, de la omisión de las mujeres del espacio público es que nace Las Simones. Queremos ser protagonistas de la historia, nuestra historia. Queremos convocar a distintas Simones alrededor del mundo, bajo el principio de que ningún tema es lo suficientemente tabú como para no ser debatido.

Simones del mundo, ¡uníos a la reflexión!

3 Comments

  1. este es un asunto muy pero muy complejo, y lamentablemente a pesar de que es extensa la nota no aporta nada nuevo, evidentemente hay aristas que no pueden plantearse porque nos ubican inmediatamente en el campo de lo irreverente, no solo irreverente en cuanto irrespetuoso de cierto protocolo de la buena convivencia, sino irreverente en cuanto a seriedad científica, por ejemplo plantear el asunto de los extraterrestre inmediatamente te ubica en el plano de lo irreverente, de hecho con solo haber dicho ‘extraterrestres’ así mi comentario evidencie que solo fue un ejemplo es como que ha perdido toda seriedad o que ofrece un blanco para la deslegitimación, no importa lo que pueda decir a continuación porque escribí la palabra mágica ‘extraterrestres’, así en otras áreas se dan temas equivalentes, planteos, palabras, cuestionamientos que no pueden hacerse porque inmediatamente, instantáneamente, te transportan al campo de lo irreverente, una de esas cosas que no pueden plantearse a riesgo de que nos sea negada toda seriedad, toda validez, a nuestras reflexiones, es: ‘desconstruir la desconstrucción’ cuando se plantea ‘desconstruir la desconstrucción’ es como que se sale de las reglas de juego y por ejemplo una figura que hay que desconstruir es la de Simone de Beauvoir, a qué se refiere con “no se nace mujer” cuales son los reales alcances de esta frase, en que medida se oponen a ciertas tendencias femeninas por ejemplo a identificarse con brujas dionisiacas o con el mito de Lilith, la amante salvaje, o con la walkiria, porque Simone de Beauvoir dice eso para oponerse específicamente a la idea del “eterno femenino”, de aquí cabe que nos preguntemos hasta que punto no hay un exceso de desconocimiento de las propias consignas.

    • Estimado,

      Quizás nuestra columna no aporta muchos elementos nuevos, pero refresca ciertas aristas a tener presentes al momento de debatir. Partimos de la base que lo ideal es discutir con la mayor cantidad de antecedentes posibles. Creemos que sólo así podermos tener un debate serio y decidir responsablemente.
      Sobre lo de Simone de Beauvoir, creo que eso daría para discutirlo en una columna específica sobre su figura, ¿no te parece?
      Gracias por leernos.

  2. mencioné a Beauvoir porque la nota está encabezada con dos frases de ella, pero además lo hice porque este asunto del aborto evidentemente tiene una raíz filosófica, algunos lo ven en el marxismo, en la cuestión que el propio Gramsci calificó de crucial y que es la cuestión de las estructuras y las superestructuras, pero para mí es anterior, yo escribí una nota hace un par de años, señalando que ese planteamiento, que todo es una construcción cultural con el único objetivo de consolidar y perpetuar la dominación de una clase sobre la otra, ya está planteado en los libros pornográficos del Marquez de Sade que fue reivindicado por los surrealistas franceses como una figura literaria de primer orden.

    Realmente sería muy gratificante para mí, y creo que para muchos otros también, que la desconstrucción de la desconstrucción se tomara como algo serio, para que todas estas cuestiones dejaran realmente de ser por la razón o la fuerza y dentro de ‘fuerza’ también está la fuerza del engaño y la manipulación.

    saludos

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