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El acoso callejero en Chile

por Gonzalo Larenas Crichton

El acoso callejero en Chile como en muchos otros países de América Latina, está permitido y se celebra. Algunos han avanzado en su legislación para intentar detenerlo, pero como pasa con la delincuencia, finalmente es la víctima la que debe modificar su conducta. Incluso, en este caso, su forma de vestir para no ser denigrada, con lo cual se hace notar una cultura abusadora y machista que no le importa humillar en público, porque parece algo cotidiano.

Mucho se habla de igualdad y tolerancia, sin embargo a las mujeres no las dejamos salir a las calles tranquilas, puesto que “deben tener cuidado”,  mientras que los hombres nos dedicamos a celebrar los llamados “piropos” como una forma de camuflar nuestros instintos más bajos, donde se trata a la mujer como un objeto de satisfacción personal.

Son pocos los que se dan cuenta de lo que muchas mujeres viven a diario, pero tampoco hacen mucho porque está normalizado, por lo que no son tomados en cuenta. No es normal acosar e insultar a mujeres en la calle, tampoco lo es que saquen fotos por debajo de sus faldas o que las persigan como animales mirando su cuerpo de forma agresiva.

Problema que va mucho más allá de las clases sociales, porque desde el obrero de la construcción, el que manosea en el metro o el patrón de fundo, comparten los mismos impulsos.  Este último se diferencia en que el poder económico le permite tratar como basura a quien se le antoje, porque sienten que a las mujeres las pueden comprar.

Esto ocurre porque desde pequeños, enseñamos a los niños a discriminar. Esta discriminación está en todos lados y lo que ellos ven lo imitan, si hasta los medios de comunicación lo hacen, puesto que funciona como un “gancho comercial”, como dirían Los Prisioneros.

Con algunos periodistas latinoamericanos alguna vez discutimos el tema y me sorprendió la cruda visión que tienen respecto al tema en Chile. Puesto que a pesar que sucede lo mismo en sus países   – en este caso Brasil, Venezuela y Argentina– en sus países a pesar de ser molesto y denigrante, no han sentido el miedo como en el nuestro por el acoso callejero.

Según la investigación del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC Chile), el 90% de las encuestadas ha sufrido algún tipo de acoso sexual en lugares públicos, el caso que llama la atención es la V Región, que se hace destaca como atractivo turístico, y es justamente esta región la que tuvo el mayor índice de acoso callejero del país.

Son pocos los que se dan cuenta de lo que muchas mujeres viven a diario, pero tampoco hacen mucho porque está normalizado, por lo que no son tomados en cuenta. No es normal acosar e insultar a mujeres en la calle, tampoco lo es que saquen fotos por debajo de sus faldas o que las persigan como animales mirando su cuerpo de forma agresiva.

Nos creemos un país en vías del desarrollo, pero no avanzamos, incluso retrocedemos, involucionamos en muchos aspectos.  Es tan fuerte el tema y llega a tales extremos, que hoy para aceptar que no se discrimine a un homosexual fue necesario legislar y la mayoría lo entiende, porque es políticamente correcto, mientras que si se discrimina o acosa a una mujer parece no importar.

Al escribir al respecto pienso en la mujer que amo, en mi hermana, en amigas que literalmente se esconden para vestirse como ellas quisieran, y que cuando salen del país dicen: “es bonito ese vestido pero en Chile no lo podría usar”. Como si fuéramos un país de fanátismos religiosos, a diferencia que en nuestro país esta actitud no sería por religión o costumbre, sino que sólo por miedo.

Lamentablemente, Chile es un país tan machista que muchas mujeres que justifican estos hechos, ya sea por envidia o porque se diferenció de las demás, tanto así que en algunos casos, si ven a una mujer empoderada, exitosa o con escote dicen que es “maraca”, que se debe haber acostado con todos o que anda provocando, lo que me parece realmente brutal.

Querámoslo o no, el piropo es un insulto, porque si se hace con respeto pierde la gracia, la “picardía del chileno” no la defendamos como un acto que representa nuestra cultura, porque la cultura también evoluciona y se hace parte de las nuevas creencias y costumbres. Diferenciemos los actos y no disfracemos, como estamos acostumbrados, una falta con palabras bonitas, no podemos seguir aceptando eufemismos, las cosas deben decirse por su nombre para que salga a la luz y nos demos cuenta de lo que realmente está mal, para así recién comenzar a cambiar y avanzar juntos como sociedad, sin miedos.

Gonzalo Larenas Crichton: Chileno, vive en Viña del Mar. Licenciado en Letras y Literatura, Administrador Cultural, Máster en Gestión Educacional. Autor del libro “Leer para Sanar”. Profesor de la U. Andrés Bello, columnista de La Otra Voz, El Dínamo, Medios Lentos, Notimex y Pressenza Internacional. Asesor externo de ONG, colabora con diferentes comunidades que van desde organizaciones en campamentos de la región hasta comunidades de pueblos originarios. Viajero y Flaneur. @GonzaloLarenas

4 Comments

  1. porcelito says

    Navegando a estas horas…
    No sé cómo decirlo sin caer en la “palabra equivocada”, en el concepto que no es del todo correcto… supongo que la intención sincera trascenderá…
    … Y en esta ocasión el dato si valdrá… pude ver de forma cercana el trato de los datos, el (lamentable en esta ocasión) mal trato de los datos…
    Ese 90% es un 87% en una encuesta web contestada por casi un mismo 80% de mujeres abc1 de 18 a 30 años… y baja a un 86% al ponderar poblacionalmente…
    Esa misma encuesta entrega sólo un 46%, en una encuesta de población general en hogares (con representatividad nacional y en la región metropolitana)…
    Ese 46% ya es enorme!! pero la intención de inflar el indicador es lamentable…
    Con ese 46% era suficiente para poner en la esfera pública este problema como un tema preocupante, pero se hizo adrede la exposición pública de ese alarmante 90%, que no era necesario… y hoy parece replicarse en los espacios de difusión y discusión de quiénes nos interesa y preocupa el tema… y también a quienes ni les interesa… lo vi en matinales, en al menos 3 como temática de actualidad aquel día.
    Es metodológicamente incorrecto, y las conclusiones al respecto tienen poca y nula validez…
    La estimación poblacional, estadísticamente significativa, sólo alcanza al 46% en la ocurrencia de un hecho significativo de acoso. Con eso ya era suficiente no? Ya era suficiente para defender la lucha política al respecto, la lucha social en el tema…
    Enormes fondos de ONU mujeres para defender una mentira, al menos, una mentira estadísticamente no significativa… muy verdadera en la lucha… pero no, no tan verdadera en la población

  2. pamela. says

    Como siempre Gonzalo leo todas tus notas, y leo tus libros..siempre defendiendo las causas justas , este artículo es uno mas de los que escribes defendiendo los derechos femeninos los justos derechos al respeto y la dignidad,,

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