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La mujer de hoy

por Fernanda Tarnowsky

La mujer actual es una mujer trabajadora. Labor que no desarrolla como antaño, exclusivamente en el hogar. También ocupa un espacio en el ámbito público, pero de todas formas debe cumplir labores domésticas, y en el caso afortunado de que tenga la posibilidad de pagar a alguien para que asuma esta función, esta persona en la mayoría de los casos, será otra mujer.

Es así como el umbral de lo doméstico sigue estando inherente a la condición femenina. No es extraño entonces, que la mujer de hoy aunque estudie, trabaje, sea exitosa y capaz; tenga acceso, en la gran mayoría de los casos, a puestos de menor cargo y a sueldos más bajos. Pues, el sello de la maternidad y de lo doméstico no se desliga del género y logran influir, directa o indirectamente, en su vida profesional. Contratar a una mujer en edad fértil, se suele castigar en el salario, puesto que las empresas se anteponen  a la “pérdida” que deberán enfrentar en el caso que la empleada se embarace.

Lo anterior responde por tanto, a superponer el rol de la maternidad por sobre el rol profesional, a subestimar a una empleada, por el simple hecho de estar en edad fértil, evitando así el post- natal, que pasa a ser un factor determinante a la hora de decidir a quién contratar. En este sentido, las cifras hablan por sí solas: La Superintendencia de Pensiones informó que la brecha salarial entre hombres y mujeres alcanzó el 20 % durante el 2013, lo que representa un aumento de siete puntos en los últimos 10 años.

Lo anterior responde por tanto, a superponer el rol de la maternidad por sobre el rol profesional, a subestimar a una empleada, por el simple hecho de estar en edad fértil, evitando así el post- natal, que pasa a ser un factor determinante a la hora de decidir a quién contratar. En este sentido, las cifras hablan por sí solas: La Superintendencia de Pensiones informó que la brecha salarial entre hombres y mujeres alcanzó el 20 % durante el 2013, lo que representa un aumento de siete puntos en los últimos 10 años. La verdad es que esto no nos debiese sorprender en lo absoluto, es cosa de mirar a nuestro alrededor para darse cuenta que si bien la mujer, paso a paso, se ha ido empoderando, finalmente es la sociedad la que de uno u otro modo, sigue encasillándola en su rol de dueña de casa y le atribuye la maternidad como la función más importante. Además que se castiga por esta posible maternidad, ya sea a través de las coberturas de salud, salarios o los seguros.

Más allá de la injusticia de esta absurda diferencia, es importante considerar que hoy en día son miles las mujeres que siendo jefas de hogar (ya sea por voluntad propia o por acuerdo con sus parejas) igualmente necesitan trabajar, porque el sueldo no es suficiente o porque requieren solventar necesidades que van más allá de su función doméstica. Así también, son tantas otras las que trabajan por realización personal, para cumplir individualmente sus metas sin depender de un rol masculino, o simplemente para ser independientes, autónomas y autosuficientes. Pero todas, sin excepción, se ven sancionadas en algún momento por su condición de mujer fértil, mujer madre, mujer casada, y en resumidas cuentas, por el simple hecho de ser mujer.

Surge entonces la siguiente interrogante: ¿Por qué la mujer es menos valorada y menos remunerada en lo laboral, sólo por su género? Suena casi inverosímil, el estar en nuestros días, cuestionándonos estas diferencias. Lamentablemente es una realidad concreta, y si no hay esfuerzos de legislación reales que exijan por ejemplo, la representatividad de un porcentaje establecido de la mujer en la cámara de diputados, en empleos públicos o empresas, seguirán existiendo estas brechas que no se condicen ni hacen justicia al gran aporte que millones de mujeres realizan día a día desde sus trabajos a nuestra sociedad.

Fernanda Tarnowsky: Chilena, licenciada en Educación por la Universidad de Playa Ancha. Dedicada a la docencia y a talleres literarios. Se declara apasionada por el arte y la cultura.

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