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Cuando era chica no entendía por qué se ‘festejaba’ el día de la mujer si no existía el día del hombre

por Carolina Mazzaferro

Tengo el recuerdo fresco de un patio blanco, verde y frío, el nerviosismo del primer día de clases, unas dos cabecitas de nenas que eran más petizas que yo adelante de la fila y mi maestra con el delantal verde y amarillo hablando más de la cuenta que cualquier primer día de clases que no hubiera caído 8 de marzo.

La recuerdo contándonos que se conmemoraba el día de la mujer por el incendio en una fábrica textil donde 146 mujeres habían fallecido reclamando su derecho a huelga. La profesora hablaba y todos se reían o cuchicheaban por lo bajo, ¡odiábamos los actos sin actos en donde sólo hablaban los profesores! Lo único que les interesaba a mis compañeritas eran los caramelos que les regalaba Diego, el señor del quiosco, todos los 8 de marzo desde que iba a la escuela y refregárselos a nuestros compañeros en la cara, “¡ja ja! ¡A mi Diego me regaló caramelos por ser mujer y a vos no te regalaron nada! ¡Ja ja!”, que  desde sus pequeños ojos brillaba una sarna cruda que pretendía devorarnos cuando ya no estuviéramos protegidas por el festejo de nuestro día. “¿Les dijeron feliz día a sus compañeritas? ¿Les dieron las gracias por ser mujercitas?” Repetían algunos profesores cuando entraban al aula y había un grupo de nenes mameros con el delantal limpio que venían y nos daban besos en las mejillas y un grupo de nenes con los pitucones en las rodillas y las uñas sucias que se guardaban las ganas de empujarnos al barro y decirnos cosas feas para el 9 de marzo, que ya era un día normal, y a las autoridades de la escuela ya no les importaba nada.  Seguro estaban enojados porque nosotras teníamos un día y ellos no… ¿No era injusto? pensaba yo. Ellos también se merecían los caramelos, la protección, los agradecimientos y las cosas lindas que nos decían por ser mujeres.

Me parecía más importante conmemorar el día del hombre por todos aquellos que habían muerto en la revolución industrial o… ¡cruzando los Andes!, que por todas aquellas mujeres que habían donado sus joyas para poder subsidiar el cruce. ¡Vamos! El rol del hombre en aquella historia era muchísimo más divertido, más arriesgado, más heroico, más… Y yo siempre había querido blandir una espada de cartón en los actos de la escuela, jugar a liberar al pueblo de la monarquía.

“Seño, ¿y por qué si también murieron muchos hombres en muchas huelgas, en muchos otros lugares, no se celebra el día del hombre también?” debería haber preguntado en el patio verde esa mañana. Porque yo lo sabía. Había estudiado en Ciencias Sociales sobre las huelgas, había estudiado sobre las inhumanas condiciones de trabajo antes de la revolución industrial sin saber todavía qué era una revolución. Había estudiado sobre los millares de hombres que murieron en todas las guerras, lo había estudiado porque Ciencias Sociales era mi segunda materia favorita después de Lengua y yo siempre había sido buen alumna. Entonces no tenía sentido. 

Me parecía más importante conmemorar el día del hombre por todos aquellos que habían muerto en la revolución industrial o… ¡cruzando los Andes!, que por todas aquellas mujeres que habían donado sus joyas para poder subsidiar el cruce. ¡Vamos! El rol del hombre en aquella historia era muchísimo más divertido, más arriesgado, más heroico, más… Y yo siempre había querido blandir una espada de cartón en los actos de la escuela, jugar a liberar al pueblo de la monarquía. Pero a cambio tenía que contentarme con zafar del miriñaque (esa jaula imposible en la que tenías que meter la sillita adentro de tu vestido para poder sentarte o quedarte parada por hora y media, ¿un signo más palpable de la opresión sistematizada como ese?) y vender empanadas calientes que quemaban los dientes. ¡Era muy aburrido y nada tenía sentido!

Es decir, ¿quién querría hacer tanto lio por una única huelga, en una única fecha y hablar de un género tan aburrido como era el nuestro? ¡Seguía sin entenderlo! ¿Es que todos los días era el día del hombre? ¿Algo así como si los hombres en vez de festejar el día de cumpleaños, festejaran el día de no-cumpleaños, y tuvieran 364 días ‘del hombre’? Eso tenía sentido, ellos se lo merecían, porque históricamente habían hecho cosas más importante que nosotras. No había otra fecha con letras rosas en los Manuales de Estrada más que esta, ¿por qué sería? Las mujeres habíamos quedado fuera de todos los demás hechos históricos que publicaban los manuales escolares. ¿O es que simplemente era una mentira como Papá Noel, que yo sabía que lo había inventado Coca Cola porque me lo había contado mi mamá?

De todas formas, haberme guardado esa duda fue mejor a que la seño Vero me la respondiera y cortara de raíz el árbol de incertidumbres que aquella pregunta había germinado en mí. 

El capitalismo se cuelga de las tetas de todas las mujeres y transforma la leche en hiel. Carteles rosas en la calle, 2×1 en spa, descuento en los restaurantes y happy hours. De nuevo la metáfora de los caramelos. ¿Qué mujer asesinada día a día por el simple hecho de ser mujer, qué mujer de las ciento cincuenta que se quemaron vivas en una hoguera con forma de fábrica querría  festejar el día de la mujer?

Me harté de que el mal sea tan grande que lo tengamos tan incorporado y sea un grupo tan reducido el que reflexiona sobre aquellas palabras. El lenguaje también puede ser revolucionario: si seguimos reproduciendo estas palabras, por más que vengan acompañadas por un texto lógico y superfeminista, nuestra ideología entra en cortocircuito. Basta. Sería un día feliz si ya no tuviéramos que luchar.

La incertidumbre me ayudó. Pero si mi educación hubiera sido otra, si la pelota hubiera quedado picando no solo para mí y si todos hubieran desconfiado de los caramelos  en vez de corromperse por interés entonces nuestro presente habría sido distinto. Dejemos de ser Gretels, dejemos de ser Hansels, ¡abramos los ojos y veamos que somos tratadas como reinas cuando en realidad somos esclavas!

Está en nuestras manos hacer algo, está en nuestras manos educar al presente de otra manera, despertando su interés no sólo con caramelos sino con palabras, prestándole la espada de cartón a cualquiera que quiera tomarla, sea nena, nene o todo junto, porque la lucha aún no ha terminado y seguirán muriendo mujeres, día a día, por la infinita opresión patriarcal. Aquellas 146 mujeres no revivirán como el fénix de las llamas y yacerán mudas entre las cenizas, mientras nosotras nos empolvamos la cara con un rubor adquirido con descuento por el día de la mujer.

1 comentario

  1. If you want the ocean, then scan watches and also
    deep-sea diving watches might be ones expensive. Swiss chocolates and Swiss watches are included in the popular items.

    You have arrived at the right place, though, if you are considering the automatic chronograph, whatever the reason is.

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