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Revisitar el “machismo”

por Karina Felitti

En noviembre del 2014 llegué a la Ciudad de México con el objetivo de recopilar y analizar las historias de vida de mujeres de la “generación de la píldora”, aquellas que en su juventud habían vivido los cambios en las pautas de moral sexual, las relaciones entre varones y mujeres, y las políticas públicas en relación a la anticoncepción.

La sanción de la Ley General de Población (1973), la creación del Consejo Nacional de Población (CONAPO) (1974) y la puesta en marcha del Programa Nacional de Planificación Familiar (1977), marcaron un nuevo rumbo: la propaganda y la difusión de métodos anticonceptivos dejaron de estar prohibidas y la planificación familiar se postuló como derecho que el estado se comprometía a garantizar. En las campañas estatales de promoción de estas nuevas medidas, la denuncia al machismo ocupó un lugar destacado. Era sabido que muchos varones cifraban su masculinidad en la cantidad de hijos que podían engendrar y consideraban que si sus mujeres tomaban anticonceptivos, lo hacían porque tenían uno o varios amantes. Vámonos haciéndonos menos machos fue uno de los temas de la campaña del Consejo Nacional de Población en 1974.

De acuerdo a la investigadora colombiana Mara Viveros, el machismo ha sido definido como la obsesión masculina con el predominio y la virilidad, que tiene expresión en la posesividad respecto de la propia mujer y en actos de agresión y jactancia en relación con otros hombres (Viveros, 2006).

De acuerdo a la investigadora colombiana Mara Viveros, el machismo ha sido definido como la obsesión masculina con el predominio y la virilidad, que tiene expresión en la posesividad respecto de la propia mujer y en actos de agresión y jactancia en relación con otros hombres (Viveros, 2006). Este término, utilizado inicialmente y ambiguamente en relación con las representaciones de hombría de los varones mexicanos se ha convertido en el lenguaje corriente, en un sinónimo de la masculinidad latinoamericana, tanto para la academia como para el activismo, sin que haya una reflexión sobre los orígenes, usos y abusos del término. Matthew Gutmann (1998) ha señalado que la figura del macho coincide con la del emigrante mexicano en los Estados Unidos, al cual se le adjudica una violencia y una sexualidad incontrolables; construyendo así una imagen que sirve para clasificar y descalificar a los hombres de acuerdo con su supuesto carácter nacional y racial inherente. De este modo, el “machismo” permite actualmente a los estadounidenses hacer generalizaciones peyorativas sobre rasgos supuestamente culturales de los hombres mexicanos -por extensión latinoamericanos-, convertidos así en encarnaciones de la alteridad; además, posibilita hacer gradaciones entre lo superior y lo inferior, en las cuales se superponen colores de piel y comportamientos sexuales. De esta forma el machismo puede ser pensado como un comportamiento que no sólo hace referencia a una dominación de género sino también a jerarquías entre sociedades, culturas y grupos étnico-raciales.

Son varios los trabajos que muestran hasta qué punto las identidades masculinas latinoamericanas son múltiples y diversas, no aptas para generalizaciones (Fuller, 1998; Archetti, 1998; Gutmann, 1998; Viveros, 2006, Figueroa y Salguero, 2014; Gutmann y Viveros, 2007). El “machismo latinoamericano” resulta entonces una noción con muy corto alcance analítico y explicativo para dar cuenta de los fundamentos simbólicos y sociales de la dominación masculina en América latina.

Ahora bien, la mayoría de las mujeres que entrevisté mencionaron al “machismo mexicano” como una realidad, como una experiencia personal dolorosa. Explicarles que se trataba de una construcción sociocultural, resultaba impropio e impertinente. Sus relatos interpelaban mis lecturas, mis convicciones, me generaban más preguntas. El “machismo mexicano” se iba haciendo cada vez más enigmático. A su vez, mientras pasaban las semanas en el DF, diferentes situaciones cotidianas ponían a prueba mis propias creencias y convicciones. ¿Qué significados culturales y políticos implicaba que un varón me cediera el asiento en el metro, que me dejara pasar primero o me abriera la puerta de su coche? ¿Estaba traicionado mi feminismo y mi trabajo por la equidad de género cuando sentía satisfacción por ser protagonista de estas escenas? ¿Si disfrutaba que mientras caminaba por la acera un desconocido me dijera “Qué guapa eres!” expresaba una “falsa conciencia” inculcada por el patriarcado? Y si estas prácticas no eran expresiones machistas ¿qué representaban? Historia, teoría, experiencias recientes; fragmentos de una construcción que se hace carne en la vida cotidiana y no cesa de interpelarnos.

Fuente: Campaña Vámonos haciendo menos, Consejo Nacional de Población (CONAPO), 1974

Referencias

Archetti, Eduardo (1998). Masculinidades múltiples. El mundo del tango y del fútbol en la Argentina. En Balderston D. y Guy D. (comp.), Sexo y sexualidades en América Latina. Buenos Aires: Paidós. 291-315.

Figueroa, Juan Guillermo & Salguero A. (2014). ¿Y si hablas de…sed tu ser hombre? Violencia, paternidad, homoerotismo y envejecimiento en la experiencia de algunos varones. México DF: El Colegio de México.

Fuller, Norma (1998). Reflexiones sobre el machismo en América Latina. En Valdés T. y Olavarria, J. (eds). (1998). Masculinidades y equidad de género en América Latina. Santiago de Chile: FLACSO/UNFPA. 258-268.

Gutmann, Matthew & Viveros M. (2007). Masculinidades en América Latina. En Aguilar M. A. & Reid A. (coord.). Tratado de psicología social: perspectivas socioculturales. Barcelona: Anthropos. 120-139.

Gutmann, M. C. (1998), El machismo. En Valdés, T. y Olavarría J. (eds). Masculinidades y equidad de género en América Latina. Santiago. FLACSO/UNFPA. 238-258.

Gutmann, M. C. (1996). The meanings of macho. Being a man in México City. California: University of California Press.

Viveros, Mara (2006). El machismo latinoamericano: un persistente malentendido. En Viveros, M.; Rivera C. y Rodríguez M. (compiladores). De mujeres, hombres y otras ficciones: género y sexualidad en América Latina. Bogotá: T/M Editores, UN, Facultad de Ciencias Humanas. 111-128.

Soto Laveaga, Gabriela (2007). “Let’s become fewer”: Soap operas, contraception, and nationalizing the Mexican family in an overpopulated world, Sexuality Research & Social Policy, Volume 4, Issue 3, pp 19-33

Karina Felitti: Argentina. Doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires. Investigadora de CONICET en el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género, Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Le gusta cantar, ir al cine, viajar y conocer otras costumbres. 

4 Comments

  1. Felitti me recuerda a felattio, probablemente compartan una etimología, supongo que se habrán burlado de ella en el colegio, vaya mi solidaridad para con la autora, linda la notita digo notita por lo breve y además xq los diminutivos en latinoamérica no son peyorativos, me gusta la nota de la sra. Felitti sale un poco de lo común cuando se pregunta a sí misma en voz alta, no suenan a preguntas retóricas sino a preguntas genuinas sobre las que hay que reflexionar una respuesta.

    • Estimado,

      Nos alegra que te guste la nota. Ahora bien, sobre el apellido de nuestra autora creo que tu comentario sobra. No entendemos “cuál es el propósito” de mencionarlo. Te invito a centrarte en la columna y su argumento. Gracias.

  2. mailenamanda says

    Gracias por la columna; como chilena puedo decir que conozco el machismo de mi pais, pero el continente latinoamericano es imposible de generalizar, el centro no es igual al sur. Eso me ha hecho mucho ruido en los ultimos meses; me encuentro estudiando en Estados Unidos, y veo dos cosas que me han llamado la atencion. Una es que la nocion que se tiene de Latinoamerica se reduce a Mexico ( estereotipos) y a ciertos lugares de Centroamerica, acá nadie sabe de sur. Eso afecta en mas areas de las que me habia imaginado, porque es un desconocimiento enorme. Lo otro, que no deja de sorprenderme es que al menos acá, no existe o no se usa una palabra para decir ‘machismo’. No esta en el lenguaje. Y no supe que decir.

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