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Camino a la Maternidad: ¿Asustada?

por Isabel Godoy Orrego

Cuando decidí ser madre fue complejo. No porque no lo quisiera o no lo quisiéramos como pareja, si no más bien, porque se nos comentó que medicamente la maternidad sería algo que llegaría, pero que lamentablemente tenía unas cuantas características físicas que lo hacían difícil.

Por eso creo que reaccioné de la forma que lo hice cuando el test salió positivo.  Cerré la puerta del dormitorio, la del closet y posteriormente la del baño. Y me quedé ahí quieta, mirando fijamente el test, como si por alguna razón pudiese cambiar de color. Estaba asustada. Luego de varios golpes en la puerta, mi esposo entro y me abrazó emocionado, feliz. Era lo que queríamos, dijo. Yo lo quería, pero no lo creía. Por eso me hice otro test, y otro, y otro. Y luego otro.

No quiero que esta columna se malinterprete. Es sólo una apreciación muy personal de cómo aceptar el proceso de la maternidad. Esta dedicado para las que, llegado el momento de elegir, no optamos por el aborto, sino elegimos libremente ser madres.

Nos enteramos que esperábamos a Eloísa después de un viaje a los viñedos de Argentina, yo pensaba que era gastritis. Pero no, era ella. Ahí estaba aferrada con fuerza hace más de un mes, dentro de mí, sin que yo lo supiera.

No quiero que esta columna se malinterprete.  Es sólo una apreciación muy personal de cómo aceptar el proceso de la maternidad. Esta dedicado para las que, llegado el momento de elegir, no optamos por el aborto, sino elegimos libremente ser madres.

Ser madre, dicen, es un regalo. Si me hubieses preguntado hace una década atrás, hubiese reído y dicho: un regalo de esos como de ropa, que no te gusta el color, no son de tu talla, pero los aceptas y sonríes; pero en silencio, te preguntas si traerá pegado el ticket de cambio.

Hoy pienso totalmente diferente. Si bien la maternidad no estaba dentro de mis planes y quizás era más bien algo lejano y casi inalcanzable, con el tiempo me fui cuestionando el tema de la maternidad, y de pronto simplemente lo decidí, decidí que sería bueno escuchar que me dijeran mamá algún día. Y sucedió en el momento justo, cuando quisimos ser padres. Cuando los médicos dijeron que aún no era el momento.

Ser madre es algo completamente diferente a lo que imagine alguna vez. “Es tan lindo ser mamá” suele ser la frase típica de mujeres que ya se acercan a los cincuenta o sesenta años. Pero yo creo que al pasar los años olvidaron parte del proceso. Porque no todo es lindo, es graciosamente difícil, confuso e inesperado. “Todo es lindo”, no eso es mentira. Si tienes la suerte de tener a tu madre, tía, hermana o mejor amiga que ya fue madre antes junto a ti, obvio el proceso será algo que seguirá un curso natural que será agradable, pero no por ello provisto de muchas sorpresas.

Yo soy de esas mujeres, que por decisiones de la vida o el destino, no tiene a su madre al lado, ni mujeres, muy cerca. Mi círculo más cercano es de hombres, un esposo (un compañero de vida maravilloso para mí), un padre (demasiado precavido) y un hermano (artista y disperso), que hacen que mi maternidad la viva de forma bella, práctica y a la vez objetiva. Muy alejado de lo que se vive hormonalmente en el proceso. El lado femenino lo aportan mis dos hijas políticas adolescentes, que desde lo teórico de enciclopedias, foros y documentales tratan de calmarme cuando siento que algo con mi cuerpo no va bien.

Para mí, por mis características físicas, y mi ideal de vida, ser mamá se ha convertido en un milagro. No en algo sobrenatural, sino en algo que jamás conteste en la infancia como lo que quería ser cuando grande.

Hoy cuento los días para mirar a mi hija de frente y abrazarla. Pienso cada día en ella y me pregunto cómo será. Disfruto cuando amigos y familiares me comentan como se la imaginan, y esas cosas típicas y desconocidas del embarazo se han empezado a ir de a poco. Me sorprendo cuando mi pareja le habla a mi vientre y ella pega patadas. Anhelo y cuento los meses que faltan para que llegue. Y aunque recibo constantemente comentarios amenazadores sobre lo poco que dormiré más adelante, o que se me pondrá la pista pesada, elegí ser madre. Elegí ser mamá de Eloísa.

6 Comments

  1. Caro Garrido says

    Hermoso y delicado relato Isa, se me paran los pelitos al ver tanto sentimiento plasmado. Simplemente gráfica el amor.

  2. Lore Ilabaca says

    Isa querida… y es precisamente cuando llega a tus brazos que comprendes el significado de lo perfecto en la vida… sin importar las veces en que todo se pone difícil, las veces en las que te sientes sobrepasada y brotan lágrimas de cansancio… como con mi Ignacia, sus ojos mirándome y luego su sonrisa son el verdadero regalo y la alegría más grande cuando puedes oír el primer “mamá”; ahí es realmente cuando sientes que tu corazón es pequeño para albergar tanto sentimiento,
    porque definitivamente, ser madre no es fácil, pero nadie dijo que tenía que ser fácil para que sea hermoso
    FELIZ ESPERA ISABEL!!!

  3. Claudia says

    Qué lindo leer cosas como estas! Me dan esperanza de que no es tan ridículo decidir ser madre luego de años de negarlo y considerarlo como un momento de vulnerabilidad que yo no quería pasar. Hoy decidí ser madre y aunque no espero un hijo aún, día a día me deshago de los mil prejuicios que yo misma me inculqué. Saludos!

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