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La Mujer y el sueldo mínimo

por Constanza Guevara

No sé si fue buena o mala suerte, pero nací mujer. Citando a Simone de Beauvoir: “Todo el organismo de la mujer está adaptado a la servidumbre de la maternidad y es, por lo tanto, la presa de la Especie”.

Todo empresario puede verse limpio ante las leyes laborales establecidas. Ellos tienen total claridad de lo que están haciendo al contratar a una mujer, siendo o no madre. Ellos ya entienden qué significa ser soltera al mismo tiempo de ser madre. Es un criterio NO APLICADO bajo mi experiencia. Entonces supongo que ser hombre, no es tan difícil.

Trabajo al lado de un compañero, que por lo menos dos veces a la semana me dice “usted lo único que tiene que hacer es casarse con un tipo con plata, nada más, esa es la única solución, ya le he dicho”. Me ofende.

El sueldo mínimo ha sido objeto de varios debates políticos, sin embargo en términos de salario son las mujeres las más afectadas. Así es como lo revelan algunos estudios donde las diferencias salariales entre hombres y mujeres pueden alcanzar el 31%. Trabajo en una empresa con cerca de 11 hombres, yo soy la única mujer. Tengo 4 hermanos, todos hombres, madre de un hombre. Crecí y vivo rodeada de hombres, por lo cual me resulta fácil lidiar con ellos y con su manera de pensar. Sin embargo, no quisiera ser considerada como un hombre, pero sí que se tomara en cuenta a la hora de determinar mi sueldo.

Me enteré de que soy la única que recibe el ingreso mínimo mensual. Y me siento como un pedazo de moho en esta empresa, donde además de trabajar pensando en que les hago tremendo favor, tengo que aguantar como me suben al columpio. Trabajo al lado de un compañero, que por lo menos dos veces a la semana me dice “usted lo único que tiene que hacer es casarse con un tipo con plata, nada más, esa es la única solución, ya le he dicho”. Me ofende. Ese tan esperado 30 de cada mes en el que recibo el ingreso mínimo, habiendo puestos de trabajo en los cuales se trabaja la mitad de lo que yo hago, pero se gana el doble, y sin haber estudiado. Al parecer, se gasta más estudiando que lo que se gana trabajando en 4 años. Bastante efectivas las políticas de prometer el aumento a partir del segundo mes… Un abuso aplicado sobretodo a las mujeres en este país.

He conversado con empresarios que me han dicho directamente: “prefiero contratar mujeres y sobretodo que ya sean madres, porque aguantan mucho más. Obvio, tienen que trabajar obligadamente así que aguantan más gritos, no se atreven a faltar y trabajan hasta por el sueldo mínimo”. Lo cual me parece sinvergüenza y un aprovechamiento. Tal vez si fuera hombre todo hubiera sido muy distinto. Recuerdo haberle pedido a un jefe que mi sueldo pagado “en efectivo”, me lo transfiriera a mi cuenta por miedo a que me asaltaran camino a mi casa. Él me respondió: “si te asaltan, es PROBLEMA TUYO”.

Una vez en un trabajo tuve la experiencia de que me descontaran de mi sueldo mínimo. Las razones fueron por un par de trámites mañaneros, más una tarde de vómito y 38 grados de fiebre, y que no aguanté quedarme en mi oficina porque tenía que decidir cada un minuto si atender a un cliente o correr al baño a vomitar. No hablo de leyes, hablo de criterio. Tengo un hijo, me he perdido de actos de colegio oreuniones de apoderados. Porque el criterio “se ausenta ante la clase de jefes hombres” que no saben lo que es tener hijos. Quisiera tardes en el cine comiendo helado con mi hijo, talleres de piano, talleres de cuentos infantiles todas las tardes, yoga, karate, ir a Fantasilandia… no terminar muerta en las ferias buscando textos escolares usados, quisiera mil juguetes, quisiera ropa nueva… pero… tengo sueldo mínimo.

En mi caso, mi hijo me salva de cualquier tipo de estrés, flojera, o de enviar la carta de renuncia. Tampoco puedo deprimirme una tarde, tengo que continuar sonriendo y trabajando aunque gane la mitad en lo que trabajo. Si las a las mujeres por tener útero se nos cobra más en las Isapres, ¿Por qué entonces el promedio de sueldo es mucho más bajo que el de los hombres?

Constanza Guevara: Madre. Ha escrito dos libros que nunca ha dejado a nadie leerlos. A los 22 años “dedal de agua” y a los 27 años “sin zapatos”.

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