Destacado, Inicio, Relatos
Comment 1

Denunciar y seguir: La violencia doméstica en terreno. (2° Parte)

por Bessy Gallardo Prado 

Lea la segunda parte de la impactante historia de violencia doméstica y denuncia.

Lo primero que hice después de la denuncia, fue ir al SERNAM. Me atendió una psicóloga quien llamó al centro de la mujer de Maipú. A los dos días tenía que ver a dos abogadas, lo cual me aterrorizaba porque es la profesión que estudio. Al hablar con la psicóloga, me di cuenta del nivel de daño que tenía, del cual era inconsciente. Era incapaz de ver que este hombre había “matado” varios aspectos de mi femineidad, los había anulado por medio del terror. Me di cuenta también de que me sentía muy culpable, me escuche justificarlo muchas veces. Gracias a la psicóloga aprendí a no hacerlo más. Le avisé a mis redes de confianza, porque es fundamental contar con una red de apoyo, y creo que las he construido a conciencia y con harta ayuda, no todas las mujeres la tienen, por eso muchas no logran denunciar.

Algunos decían que yo era la mala, la que había querido que todo se terminara de la peor forma. Decían que yo estaba separando a mis hijos de su padre, los estaba haciendo sufrir. Sin embargo, ninguna de esas personas veía lo que pasaba en mi casa, nadie de esos que tanto me juzgaron vieron que yo llegaba morada y llorando a trabajar.

Se venía la audiencia de preparación de juicio y mis nervios estaban al borde del colapso, ¿mis ayudas inmediatas? Mi hermana, mi pareja, mi mejor amigo, y mi papá. Todos ellos nunca me dejaron caer. Recibí las típicas recriminaciones, me hablaron de mesura, me dijeron que nunca me habían visto golpeada así que mi relato no era válido, para muchos yo estaba haciendo una pataleta queriendo perjudicar a un “hombre bueno”. Algunos decían que yo era la mala, la que había querido que todo se terminara de la peor forma. Decían que yo estaba separando a mis hijos de su padre, los estaba haciendo sufrir. Sin embargo, ninguna de esas personas veía lo que pasaba en mi casa, nadie de esos que tanto me juzgaron, vieron que yo llegaba morada y llorando a trabajar. Nadie veía que me faltó el pan porque él no era capaz de salir a la calle y hacerse cargo de su vida y de sus hijos. Lo cierto es que nada de eso importaba, seguí adelante y no claudiqué.

En la audiencia él dijo que yo era infiel, que él jamás me tocó, que yo era la que lo golpeaba, la consejera técnica quiso configurar los hechos como violencia mutua, yo estaba callada, mi abogada estaba hecha una furia, me decía que no me preocupara, que habían antecedentes clínicos de que efectivamente yo era la víctima, la abogada de él me “tiró el salvavidas”, me preguntó que pensaba, ahí hablé, use esa técnica que ya conocía, la ley. Le pregunté a la consejera: “¿que tenía que hacer?, acaso ¿no es la ley penal la que dice que yo puedo defenderme ante una agresión?, ¿yo tenía que quedarme en un rincón recibiendo los puñetes para que usted no dijera que era yo la que provocaba todo esto? ¿Usted hará algo cuando yo termine en una clínica golpeada o muerta? Yo me defendí y defendí a mis hijos, era mi vida la que estaba en peligro,  si me demoré en denunciar 6 años, era porque sentía terror, porque vivía con la persona que me golpeaba, que me vejaba, pero como usted puede decir que esto es violencia mutua tengo que callarme y aguantar”.

Ahí se hizo un gran silencio, la consejera dijo que yo tenía razón, que existe la legitima defensa y que era mi derecho defenderme, la palabra del juez fue la misma, él reclamó que no había pruebas, mi abogada ofreció peritajes psicológicos, le dijo al juez que mis hijos tenía terror, que ella los conocía y que ellos mismos decían que el padre golpeaba a la mamá. Los resultados fueron: más antecedentes a la fiscalía, medidas cautelares por 6 meses para mí, para mis niños las mismas medidas hasta que fuera la siguiente audiencia sobre nuestros hijos. Desde el punto de vista de los tribunales de familia, que los niños vean la violencia doméstica entre los padres también es violencia hacia ellos.

Después de esa audiencia me llamaron a consejo técnico. Tenía que contar todo de nuevo, con mis hijos ahí. Cada vez duele menos, pero hay cosas que te quiebran, cuando te llega la notificación de la audiencia por las medidas cautelares de tus niños y ves que hay un curador ad litem (abogado que vela por los derechos de los niños) se te cae el mundo. Piensas que te los van a quitar y vuelve el terror, te cuestionas todo, te sientes la peor madre del mundo cuando existe la posibilidad de que se lleven a los seres más amados de tu vida. Yo sé lo que pasa con un niño en un hogar de menores, y ese miedo me hacía temblar. Soy vicepresidenta de una ONG que vela por la infancia vulnerada ¿Cómo fui capaz de dañar de esa forma a mis propios hijos?, ¿Cómo pude ser tan mala madre? Ya nada de eso importaba, ya había dado el primer paso, no podía retroceder ahora. Nadie te dice que pasará con tus hijos cuando denuncias la violencia, pero esto era una pequeña pelea dentro de la gran batalla que estaba librando. Tenía que seguir adelante.

Lea la primera parte de esta historia aquí

1 comentario

  1. Pingback: Denunciar y seguir: La violencia doméstica en terreno. (3° Parte) | Las Simones

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s