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¿Misoginia, machismo, patriarcado?: El Ecuador y la representación política de la mujer

por Tatiana Salazar

“Yo, en un inicio creí que era meme”, me dijo un amigo cuando comentamos de la “metida de pata” del Sr. Mera.[1] El 17 de marzo el diario El Comercio, publicó una entrevista que se titulaba: “Alexis Mera: ‘El Estado debe enseñar a la mujer a postergar su vida sexual’”, definitivamente pudo haber sido una broma, de mal gusto, por las críticas que el Plan Familia Ecuador produjo en las últimas semanas; ni fue broma, y ni causó risa.[2] El Sr. Secretario Jurídico cree firmemente en que las mujeres somos el problema, y ojo, no lo estoy acusando de misógino.

“Hay que enseñar a las adolescentes a prevenir el embarazo (…) la mujer debe saber que es preferible que estudie en la universidad. Ese es un valor. El Estado debe enseñar a las mujeres que es preferible que retrasen su vida sexual y que retrasen la concepción para que puedan terminar una carrera”,[3] declaró el Sr. Mera. Adicionalmente, dijo “es un problema de valores” “las mujeres no se valoran adecuadamente, porque se dejan violentar…”[4] (No, no es broma). El gobierno ecuatoriano cree que los valores normativos planteados desde el Estado deben educar sobre cuestiones afectivas. Debe decir que se postergue la opción por el placer sexual por lo menos “pasando el bachillerato…”, aunque, aclara, esa es su posición personal. Finalmente añade sobre aquellas “minorías que hacen mucho ruido” que “la mayoría de este país (…) ésta en contra del aborto, pero hay una minoría que sale en las primeras páginas, que lo que en el fondo quiere, es legalizar al aborto, el derecho al placer, [sí, el derecho al placer], que haya matrimonios homosexuales y las adopciones sexuales que no es lo que la sociedad quiere”.[5]

En un inicio la Revolución Ciudadana acogió en sus filas a mujeres que tenían una agenda reivindicativa de las luchas feministas, que históricamente han pugnado por la igualdad de derechos civiles y políticos. Sin embargo, una vez en el poder, se sintieron fraccionamientos y poco entendimiento sobre la “ideología de género” y del aporte de las mujeres a la práctica democrática. El presidente Correa afirmó: “yo no sé si la equidad de género mejora la democracia, lo que sí es seguro es que ha mejorado la farra impresionantemente”

Aparentemente, esta broma de mal gusto no es una broma. De hecho, el Estado ecuatoriano, cubierto de la mejor de las intenciones moralistas y afectivas, siempre y cuando estén alejadas del placer sexual, conoce qué es lo mejor para la sociedad y sabe que el mejor camino que las mujeres debemos seguir es el que los grandes hombres, como el Sr. Mera, piensen o crean sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos, ya que es nuestra culpa que nos “dejemos violentar”. A pesar de que al día siguiente Mera emitió una carta pública aclarando algunos puntos de su entrevista, nunca se retractó sobre su apreciación absolutamente sexista; de hecho, aclaró que las obvias críticas que su entrevista generó, estuvieron inscritas en un “marco de intolerancia a pensar diferente”.[6]

De la lucha a la ruptura

En un inicio la Revolución Ciudadana acogió en sus filas a mujeres que tenían una agenda reivindicativa de las luchas feministas, que históricamente han pugnado por la igualdad de derechos civiles y políticos. Sin embargo, una vez en el poder, se sintieron fraccionamientos y poco entendimiento sobre la “ideología de género” y del aporte de las mujeres a la práctica democrática. El presidente Correa afirmó: “yo no sé si la equidad de género mejora la democracia, lo que sí es seguro es que ha mejorado la farra impresionantemente”.[7] A pesar de que el presidente tenía reparos sobre el aporte de las mujeres a su proyecto político, como se nota en su apreciación, fue bastante alentador que por primera vez en la historia del país disponga que una mujer sea nombrada presidenta de la Asamblea Nacional, y que otras mujeres –muchas de ellas autonombradas como feministas– de las filas oficialistas, llenen los curules de mando de dicha institución. Pero este romance entre la representación política y el “verdadero” poder del presidente no es tan armoniosa como parece.

La ruptura más clara se dio, cuando en el marco de los debates por la aprobación del nuevo Código Orgánico Integral Penal, inundaron las salas de la Asamblea Nacional varias mujeres en defensa del aborto en caso de violación. Éstas contaron con el respaldo de aquellas asambleístas feministas que, en defensa de su ideología y principios, decidieron apoyarlas. Esto les costó ser sancionadas con un mes de cese de actividades políticas; es decir, fueron silenciadas, castigadas, obligadas a obedecer y anuladas políticamente por el presidente de la República. Entonces, cabría preguntarse, ¿de qué tipo de representación política gozamos las mujeres en el Ecuador?

Lo preocupante, además de los agravios y violencia cotidiana, que se han convertido tan comunes para los ecuatorianos, es el silencio abrupto de las mujeres asambleístas. La entrevista del Sr. Mera causó revuelo en todos los movimientos feministas, las redes sociales rechazaron abruptamente esas declaraciones,[8] pero la postura timorata de las asambleístas fue notoria; algunas rechazaron la intervención de Mera, pero ninguna pidió la remoción del cargo, ni que se lo “inhabilite”, menos aún, que el movimiento ejerza una sanción acorde al tipo de violencia promovida. De hecho, el silencio apadrinó el claro machismo que se vive dentro del movimiento PAÍS. La dominación de su gran patriarca no dio tregua ya que una vez que se conoció el revuelo que causó Mera, el presidente vía twitter manifestó que no compartía el criterio personal del Sr. Secretario.[9] Acto seguido, para el alivio, o no, de las asambleístas, ellas hicieron lo mismo, por lo menos, esta vez, no se ganaron el apelativo de las “mal culiadas de siempre”[10] por discrepar con el Presidente.

Estos episodios no son tan extraordinarios como se podría creer. La gigantesca estructura estatal que se ha desplegado en los últimos 8 años ha producido un constante juego mediático entre el discurso oficial y el disidente. La desacreditación manejada por el régimen se basa en el continuo bombardeo de información colmado de insultos y matices binarios de “buenos y malos”, que crean una constante confusión capaz de anular las críticas. Por ejemplo, a pesar de las críticas de las que se hizo merecedor el gobierno por las declaraciones de Mera, esa semana el Ecuador ganó un premio otorgado por el Foro Global de Mujeres Parlamentarias (WIP), por promocionar la presencia femenina en la política y reducir las desigualdades de género en el país.[11] Esta noticia creó un efecto desorbitante entre los ecuatorianos, y a aquellas que seguimos apuntando directamente al modelo político, a la estructura autoritaria, patriarcal y machista, se nos acusó de exageradas. Así, nos queda un camino largo de reflexión, para cuestionarnos si es alentador, o no, para la sociedad civil, vivir en un escenario político de violencia naturalizada; si la representación política subordinada a la figura patriarcal del proyecto político es una real práctica democrática, o si “el deber de la mujer, como miembro de la comunidad, es colaborar en el orden, en el consuelo y en la bella ornamentación del Estado”. Espero rotundamente que no.

 Referencias

[1] Secretario Jurídico de la Presidencia de la República del Ecuador.

[2] Véase “La voz del patriarca es la voz de dios… Políticas estatales de Planificación Familiar en Ecuador”.

[3] “Alexis Mera: ‘El Estado debe enseñar a la mujer a postergar su vida sexual’, énfasis de la autora.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.

[6] “Carta de Alexis Mera, secretario Jurídico de la Presidencia”.

[7] María Paula Romo, “Carta al Presidente Rafael Correa sobre los aportes de las mujeres a la democracia”. Quito, 10 de enero de 2012.  Añadió también en uno de los Enlaces ciudadanos sobre las mujeres asambleístas que acudieron a una cena: “¡Qué asambleístas que tenemos, guapísimas! ahh, eh Corcho hay que aumentarles el sueldo, porque no tuvieron plata para comprar suficiente tela y todas con unas minifaldas dios mío, [risas]. Yo ni me fijo en esas cosas, me contaron, me contaron, unas piernas y unas minifaldas impresionantes guapísimas las asambleístas (…)”.Cabe aclarar que hubo un grupo de asambleístas que presentaron una carta formal en rechazo a estas declaraciones. Actualmente estas mujeres no forman parte del movimiento PAÍS.

[8] “Lluvia de cartas para Alexis Mera”.

[9] Roberto Aguilar, Estado de Propaganda, “El simulacro de las militantas”.

[10] El apelativo de “mal culiadas” fue vertido por Alexis Mera al referirse a las asambleístas que fueron sancionadas por estar a favor del aborto. Véase María Belén Moncayo, “Carta abierta a la asambleísta María Augusta Calle”.

[11] “Premio a Ecuador por políticas para igualdad de género”.

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  1. Pingback: Las mujeres seguimos cometiendo “traición” – Mujeres Contando

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