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Denunciar y seguir: La violencia doméstica en terreno. (3° Parte)

por Bessy Gallardo Prado 

Lea la tercera parte de la impactante historia de violencia doméstica y denuncia.

En la espera el día de la audiencia por las medidas cautelares de mis hijos vi a mi agresor después de mucho andar. Sentí miedo, pensé que se vengaría de mí y que me haría trizas como mamá. Ya no podía golpearme o insultarme, sólo podía vengarse con lo que más amo: mis hijos. Sin embargo no lo hizo. Los días lejos de los niños lo marcaron. Además, logré una pequeña victoria: el reconocía que era una excelente madre. Pero ¿por qué necesitaba la aprobación del agresor? Es simple, es el padre mis hijos. Cuando vivíamos juntos, fácilmente podía anularme como madre, así que decidí ofrecerle un acuerdo. Le dije que ya no era sano seguir peleando, que eran sus hijos también, que era un derecho de mis hijos verlo, así que si hablaba bien de mí en la audiencia yo le ofrecería visitas. Mi abogado me pidió que me calmara y que él se haría cargo. Hablamos con el curador, quien preguntó sobre el acuerdo y también sobre el dinero para mantenerlos. Le dije que buscaba trabajo pero tenía ahorros y podría estar hasta un año sin trabajar. Sorprendido me dijo que pocas mujeres lograban eso. Me dijo que tendría que ver al papá de mis niños porque era inevitable, le dije que ya estaba sanando y que estaba dispuesta a hacer concesiones para que mis niños fueran felices y sanos. Sonrió, me dio un golpecito en el hombro. En ese momento me dijo: “Ese es el camino, no te conozco pero tu amor por ellos es innegable, irán a una terapia de habilidades parentales, pero o es nada terrible y te servirá para que sanen”. Más tarde, mi agresor y el curador hablaron, él dijo que yo era la mejor madre que un hijo podía desear, que los amaba por sobre todas las cosas, y que él merecía lo que había vivido, su abogada lo retó, le dijo que no había pruebas de nada, el curador le dijo a ella que se ubicara.

Me dijo que tendría que ver al papá de mis niños porque era inevitable, le dije que ya estaba sanando y que estaba dispuesta a hacer concesiones para que mis niños fueran felices y sanos. Sonrió, me dio un golpecito en el hombro. En ese momento me dijo: “Ese es el camino, no te conozco pero tu amor por ellos es innegable, irán a una terapia de habilidades parentales, pero o es nada terrible y te servirá para que sanen”.

Luego, pasamos a consejo técnico, la consejera terminó por felicitarnos, aunque eso no se hace en tribunales de familia, la carga emocional está a flor de piel. Nosotros habíamos encontrado la forma de ser padres y no pareja, y ese dolor nos dio fuerza. Por lo cual, como el acuerdo era mutuo, se fijaron las visitas y se levantaron las medidas cautelares. Nos enviaron a terapia, se abrían nuevas puertas difíciles de sortear pero no imposibles. En ese proceso llegué al Programa de Protección de Derechos de los Tribunales de Familia. Un lugar que conocía en la teoría, pero no en la práctica. Nos recibieron con cariño, sin juzgar, recordándonos que lo que hiciste fue lo mejor que pudiste hacer, me mostraron que lo estábamos haciendo bien como familia. Cuando te dice la psicóloga que la entrevista en tu casa ha sido la mejor en mucho tiempo, que los niños están bien, que son felices y que eso es gracias a mi trabajo y al de mi pareja, me llené de orgullo, pero, todavía faltaba mucho por avanzar. Sin denuncias no se logra nada, y es eso justamente lo que más cuesta.

No es llegar y denunciar, no es ir a carabineros o a la PDI y decir “mi pareja me pega de ésta o de tal forma”, se tiene que hacer bien. Yo recibí el mejor de los consejos, el de mi hermana, ir al centro de medidas cautelares: no denunciar en las policías. El área penal aún no está listo para recibir este tipo de denuncias, los fiscales están llenos de causas que no siempre investigan. Mi causa se fue a una fiscalía, yo tenía las pruebas para alcanzar la verdad jurídica, pero la fiscalía nunca investigó, ni yo quise seguir en esa línea. Hay que ser fuerte para denunciar, muchos casos no terminan bien. Muchas por miedo vuelven con sus agresores, muchas vuelven también porque no tienen para alimentar a sus niños, los sistemas de protección no son como los pintan, no te ayudan a tener un trabajo digno que te permita sostener tu hogar. Puedes esperar meses la ayuda psicológica, los centros de la mujer están colapsados, te encuentras con gente que no tienen tino, que te culpan incluso en tribunales. No saben que tenemos el derecho a defendernos, que si nos golpean y respondemos el golpe no es violencia mutua, es legítima defensa si cumple con la triple identidad que solicita la ley: el peligro inminente, la acción inmediata, y la proporcionalidad en el actuar.

No te dan trabajo si eres mamá soltera con tres hijos porque socialmente eres un “problema”, los niños se enferman, los hijos exigen tiempo, y si no puedes trabajar ¿cómo les das de comer?, y es así como muchas veces nos castigan y los hombres en venganza no pagan los alimentos. ¡Tú eres la mala! La que denunció. He escuchado tantas veces la frase: “arréglatelas sola, tu decidiste separarte”. Pero se puede salir adelante, es fundamental tener una red de apoyo, tener con quien llorar, dejar de pensar que eres fuerte porque aprendiste a aguantar los golpes, los insultos y los vejámenes.

La violencia intrafamiliar no es sólo un delito o un hecho reprobable, es un cataclismo emocional en todos los niveles, te anulan, no sólo el agresor, te anula la familia, la sociedad y uno como víctima se anula. Me costó 6 años denunciar. Aguante 6 años, perdí 6 años de mi vida, hoy a mis 30 años me siento linda, inteligente, querida, fuerte, deseable, cosas que jamás sentí antes. Hoy después de tanto sufrir me miro al espejo y veo la maravillosa mujer que soy y la grandiosa madre que puedo llegar a ser. Hoy veo el amor de otra manera, un amor sano, en donde somos un equipo, donde mis hijos participan de las tareas de la casa, en donde colaboran, en donde pueden expresarse sin miedo. Hoy no le tengo miedo a mi ex marido, es más, podemos hablar sin agredirnos, podemos llegar a acuerdos. Cuesta pero podemos, no niego que a ratos siento rabia. Me ha costado amar otra vez, me ha costado poner el pan en la mesa, me ha costado terminar de estudiar. Pero he aprendido cosas que de otra manera no se aprenden. Hoy valoro muchas cosas que antes dejaba pasar, porque ahora la vida está llena de esperanzas: encontré mi camino en la vida, sé que quiero para mis hijos y lo que quiero como mujer.

Me gustaría hablarles a esas mujeres que han sufrido lo mismo que yo, e incluso más. Se puede salir de la violencia, se puede volver a empezar, se puede dejar de depender de un agresor para sólo depender de nosotras mismas. No se trata de feminismo, se trata de sobrevivir, y de volver a vivir, se trata de amor propio, de amor a los hij@s. No es rebeldía, es la vida de nosotras y de nuestros hijos la que está en juego. Avanzar hacia salir de la violencia es un paso gigante, tarda años en llegar, pero cuando llega no se da pie atrás. Cuando tomas la decisión de denunciar debes prepararte para lo que viene, debes generar redes de apoyo, debes hablar de lo que sufres sin miedo y sin pensar en el que dirán. Eso de que “ambos se pegaban” no es cierto, la fuerza de un hombre no se compara con la fuerza de una mujer, si te pegan y respondiste no es agresión mutua, es LEGITIMA DEFENSA. Da igual si fuiste infiel, si fuiste desobediente, si te tildan de puta, de mala madre. NADIE tiene derecho a golpearnos, a maltratar nuestras mentes, de vejar nuestras almas. Es preferible estar solas pero con hijos sanos y felices que estar “acompañadas” del peor de los verdugos, ese que juró amarte y que te odió como nadie.

Tomar la decisión de denunciar es una decisión de vida o muerte, porque siempre está la posibilidad de salir de la casa del agresor muerta, y también está la posibilidad de seguir aguantando, pero dañando seriamente y de por vida a los hij@s, ya que lamentablemente repiten el patrón. Los niñ@s que están expuestos a violencia doméstica, aun cuando no sean golpeados, aprenden que es normal golpear a la pareja, y que es normal recibir golpes, y esa violencia se perpetúa por generaciones. Romper el círculo de la violencia intrafamiliar es una tarea de tod@s. No es tarea del gobierno, de un Ministerio o de los Tribunales, es un trabajo social. Hay que educar desde niños a los futuros hombres y mujeres a no golpear, a no obligar a nadie a hacer lo que quieran por medio de la violencia, y hay que educar a ambos niñ@s a que nadie puede golpearl@s, que nadie puede obligarl@s por medio del terror y de la violencia a hacer lo que ell@s no quieren, pero ese trabajo no comienza en la adolescencia. El trabajo debe hacerse desde la más tierna infancia, porque es ahí donde comienzan a entender el mundo.

Como sobreviviente, como madre y como mujer, sé que si me hubiesen enseñado que el matrimonio era ser PAREJA, ambos iguales sin sometimientos, lo que viví no hubiese pasado y la lección no hubiese sido tan dolorosa.

Lea la primera y la segunda parte de este relato. 

 

2 Comments

  1. ESTOS SON LOS TEMAS QUE AYUDAN A LAS MUJERES MALTRATADAS A TOMAR DECISIONES…. LA EXPERIENCIA Y LA VIVENCIA DE OTRAS COMO ELLAS, ES MUCHO MAS DECISIVA PARA DAR EL PASO A DENUNCIAR…

  2. Justamente Fue esa la idea, escribí esta columna con miedo, lo confieso, y con vergüenza, pero también la escribí con la esperanza de que otras mujeres que hoy viven lo mismo que yo viví se atrevan a denunciar. Yo se que se puede, cuesta, cuesta mucho a ratos, pero se puede, y esa libertad no tiene precio.

    Un abrazo.

    Bessy Gallardo Prado

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