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¿Prefieres ser bella o feliz?

por Nicole Basly Castro

Trabajo en un colegio, las adolescentes sin duda son más desarrolladas físicamente que yo, asisten maquilladas y perfectas cada día al colegio.

C

uando alguien llora, la respuesta es que se sienten feas, que sus pololos las dejaron por otras con mejor físico o simplemente que ellas no encuentran nada bueno en sí mismas. Es así como reconocí que la juventud de hoy necesita la aceptación y la belleza como forma de vida y no como complementos o parte de ella. El problema ocurre porque, las mujeres como un virus contagiamos la necesidad de vernos bellas y jóvenes eternamente y no mostrar la edad que realmente tenemos.

 Todos los comerciales encuentran la forma de vender juventud, una piel lozana, sin arrugas, sin manchas, sin vellos, sin expresión. Yo me pregunto ¿Por qué tanta necesidad de verse sin vida? Sí, porque creo que las arrugas, las pecas o las manchas de embarazo, son características que demuestran nuestras vivencias.

Buscando recuerdos, encuentro a mi tía que para cada comida familiar no lograba reírse tranquila, sino que tenía que estirar su cara con las manos con la finalidad de no arrugarse, de mantener la piel tersa, según ella, porque las líneas de expresión llegaban y no se irían jamás. Todos los comerciales encuentran la forma de vender juventud, una piel lozana, sin arrugas, sin manchas, sin vellos, sin expresión. Yo me pregunto ¿Por qué tanta necesidad de verse sin vida? Sí, porque creo que las arrugas, las pecas o las manchas de embarazo, son características que demuestran nuestras vivencias. Esconderlas es crear una máscara que no permite ver por todo lo que han pasado, por todas las alegrías y tristezas vividas. Por la experiencia que les han dado, por la edad que realmente tienen. Porque no mostrarse al mundo como somos, con arrugas, con una piel sin una pizca de maquillaje y sonriendo por la vida ¿Por qué? Porque la televisión, los comerciales de radio, las tiendas, los malls, los realities, todo, nos ha llevado a adoptar esta industria de consumismo y estándares de belleza basados en transformaciones, cambios, sufrimiento y cirugías. Un prototipo que sin duda alguna, es más fácil y rápido.

Imagínense una mujer que se lo pasa comiendo todo el día, acostada, viendo televisión, de pronto la llama una amiga y le propone un viaje al Caribe, ella sin pensarlo pregunta para que fecha, no por la necesidad de alistar su maleta, sino que para contabilizar los días que tendrá para marcar el vientre, eliminar celulitis y depilarse. Porque luego de meses sin controlar la dieta (entendiendo como “dieta” una alimentación balanceada y eficiente para tu cuerpo), sin mover ni un solo musculo y dejar crecer aquellos vellos (indeseables para algunas), entra el estrés, de que no me veo como quiero, que estoy gorda, que porque soy así, odias a las modelos y a la gente que sale en televisión y te arrepientes de no haberte inscrito en el gimnasio antes de septiembre. Todo esto porque no vives como realmente quieres hacerlo. Porque sin duda alguna si estuvieras feliz con tu cuerpo y tu vida, no sería necesario tiempo, no sería necesario buscar alternativas para verse “bella”.

Si hay una frase que marca la diferencia entre las mujeres conscientes de sí mismas y aquellas que aun no encuentran su identidad, sería: “Se debe comenzar de adentro hacia afuera, no al revés” ¿Por qué? Porque si tú haces un plan para tu vida, te sientes cómoda en tu propia piel porque tú así lo decidiste y porque tu cuerpo es así y no lo obligas a matarse en el gimnasio, si no que lo sacas a pasear, a caminar y a bailar, no es necesario buscar especialistas para todo lo que queremos, no es necesario comer menos, ni es necesario siempre estar preocupada del que dirán. Siempre habrá gente que no está de acuerdo contigo, que no le gusta la forma en la que te peinas, vistes o hablas. Comencemos por mirarnos, por reírnos y por disfrutarnos, luego, todo será más fácil, nos reiremos sin importar la cantidad de arrugas que se formen, caminaremos y comeremos lo que se nos dé la gana y permitiremos gente en nuestra vida, que realmente sabe quiénes somos.

Quizás para mí sea fácil escribir esto porque soy todo lo contrario del común de la gente, y represento menos edad, porque mis arrugas a pesar que son muchas y muy marcadas, son arrugas de felicidad. Porque además puedo comer todo lo que quiero sin engordar realmente, a pesar de que no haga ejercicio, y en vez de eso camine kilómetros cada día. Aunque no creo que éstas sean razones importantes o al menos no son necesarias. Lo que si me parece relevante es contagiar seguridad y felicidad, que demuestre en que estás de acuerdo con tu vida, con tus actitudes y con tu forma de ser, sin aparentar para ser aceptada, para encajar, ni para ocultar tus años bajo esa piel de porcelana. Seamos conscientes de lo que estamos entregando y de qué nos estamos llenando, generemos seguridad  o felicidad en vez de “belleza”.

Nicole Basly Castro: Chilena, Fonoaudióloga egresada de la Universidad de Talca, Diplomada en Neurorehabilitación en Adultos. Actualmente se desempeña como profesional en un colegio con Programa de Integración Escolar. Amante de las manualidades, en sus ratos libres es Tallerista de telar, mandalas de lana y figuras en vellón.

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