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“Todo es culpa de las mamás que no les enseñan”

por Daniela Acevedo

En el contexto de las movilizaciones estudiantiles me ha tocado escuchar opiniones diversas al respecto. Tanto disidentes como simpatizantes manifiestan sus discursos en contra o a favor de las movilizaciones que han tenido como escenario las calles de Santiago y Valparaíso principalmente.

En esta ocasión, me quiero detener en una opinión particular que escuché la otra mañana. Dos mujeres mientras observaban algunos semáforos botados en el suelo y algunos paraderos destruidos, comentaban lo delincuente que eran los y las estudiantes. Manifestaban que no podían entender tanta violencia, que los y las estudiantes eran tod@s un@s floj@s, que en vez de andar perdiendo el tiempo en las calles, deberían estar encerrad@s en sus casas estudiando, y más aún, agregaron que todo era culpa de las mamás, que no educaban a sus hij@s, que no les enseñaban normas, e incluso una de ellas se puso como ejemplo y mencionó: “A mis hij@s yo l@s tengo bien educad@s, de la casa al colegio y del colegio a la casa, sin pasarse a ningún lado”.

Con respecto a la violencia, resulta curioso que se repudie solo aquella violencia “evidente”, que involucra el daño a la propiedad, pero que no se entienda que esa “violencia” es sólo consecuencia de la rabia contenida por los distintos focos de violencia a los que nos vemos expuest@s a diario.

A partir de esto, resulta inevitable tomar algunos puntos de su análisis y ponerlos en cuestionamiento, primero con respecto a la concepción de violencia, segundo con el hecho de responsabilizar solo a la madre por la educación de l@s hij@s, y tercero, entender por jóvenes educad@s a aquell@s que no hacen nada más que obedecer.

Con respecto a la violencia, resulta curioso que se repudie solo aquella violencia “evidente”, que involucra el daño a la propiedad, pero que no se entienda que esa “violencia” es sólo consecuencia de la rabia contenida por los distintos focos de violencia a los que nos vemos expuest@s a diario, como por ejemplo (y sólo por nombrar algunos, sino la lista podría ser interminable), que nos vendan la educación, que nos vendan la salud, que nos obliguen a cotizar en isapres o AFP que lucran de manera evidente, recibir pensiones miserables, movilizarse en un transporte público indigno, el sueldo mínimo que ni siquiera alcanza para la canasta familiar básica, que los alimentos sean transgénicos, que como mujeres nos amarren a estereotipos de belleza que tienen con depresión o anorexia a un alto porcentaje de mujeres y peor aún, a niñas y adolescentes. Y para vincularnos directamente con el punto dos: ¿qué más violento que se responsabilice solo a las madres por la educación de l@s hij@s?

Me detengo aquí para preguntar: ¿No les parecen violentos los estereotipos de género?, en el caso de las mujeres fluctuamos desde exigencias físicas y sexuales, hasta roles y estereotipos, pero también quiero mencionar las exigencias hacia el género masculino, ¿acaso no se sienten presionados de ser estereotipados como el macho proveedor?, de ser el hombre con un buen trabajo, una gran casa y un lujoso auto para poder conseguir a la mujer de sus sueños, porque claro, si no tienes esas tres cosas ninguna mujer se fijaría en ti ya que somos seres totalmente superficiales e interesadas (lo que también responde a un estereotipo). ¿Acaso como hombres no se sienten violentados cuando los tildan de homosexuales si son un poco más sensibles, o de tener que ir a trabajar con normalidad cuando tu hij@ está recién nacido, de que te miren feo si no sabes usar un martillo o un serrucho, o si no puedes destapar una botella?

Los estereotipos de género son violentos, y nos violentan a diario, y nuestr@s estudiantes, señoras (esto va para las señoras de la micro en cuestión) luchan no sólo por una educación de calidad y gratuita, sino que también por una sociedad más justa e igualitaria, y qué quieren que les diga, la educación pasa justamente por eso, por cuestionarse la realidad, por querer construir algo distinto, por querer involucrarse en los procesos sociales, y no por quedarse encerrad@s en casa viendo como la vida pasa, y es justamente aquí donde nos atañe el tercer punto, señora, le digo, no es más educado el o la joven que no cuestiona y solo obedece, sino más bien todo lo contrario. No es más educado el o la joven que se encierra en su casa y no es consciente de su tiempo, de su espacio, de los procesos sociales que acontecen su presente.

¿Hasta cuándo respetamos normas que han sido instauradas solo para beneficiar a un@s poc@s? Porque a eso voy, no es que yo critique la norma por el simple hecho de ser norma, sino más bien cuestiono, al igual que el o la estudiante que sale a marchar a la calle, la forma en que se han tomado las decisiones. Porque las marchas señoras, no son para ir a delinquir, son para manifestar descontento, más cuando no existen otras formas de diálogo y participación. Porque marcar un papelito en las “elecciones” cada cuatro o seis años no es participar, eso es solo la falsa consciencia.

Y le digo señora, si manifestarse para defender lo que nos parece justo es ser delicuente y violent@. Firma una mujer violenta y delincuente (“que no le enseñará a sus hij@s”).

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