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La culpa por cambiar de idea

por Carolina Estroz Fernández

Hace 10 años, estaba en pleno carrete  de último año de universidad, abrigada, pues estudiaba en el sur de Chile, pero me desabrigaba rápidamente después de los primeros sorbos de vino en caja, que llegaban después de las cervezas y antes del ron Silver.

A

sí pase mis años de universidad, carreteando lo que no había podido durante mi adolescencia, con amigos ocasionales que se transformaron en amantes de toda la vida y “amigos de siempre” que hoy ni siquiera sé que hacen. Hace 10 años pase algún susto de embarazo, se me cruzó la vida y la cara de mi madre mientras me hacía una ecografía que arrojó como resultado lindos y tiernos quistes ováricos. Desde ahí, me hacen compañía cada cierto tiempo en mis ovarios o bien en mi cabeza pensando que han vuelto o que sean ido. ¡Imagínense! Tendría un hijo de 10 años y una relación de amistad más profunda que la que tengo hoy con su casi padre, pero no quería ser madre.

Hace exactamente dos años que deje de tomar las pastillas antes de nuestro viaje de un mes al país del comandante Chávez, pensando que el calor revolucionario del caribe facilitaría las hormonas, los óvulos y los espermatozoides del amor, llevamos dos años intentándolo y por mucha revolución que le hemos puesto aún nada.

Si bien yo pensaba que todo seguía igual, a mi pareja no le pareció lo mismo. Así es como me dijo mientras me abrazaba en nuestra cama de plaza y media -porque se le metió en la cabeza que así dormimos más juntos y siempre abrazados- “estás cambiada Carolina Andrea”. No me habría puesto a reflexionar y aceptar mis cambios sin culpa, si bien sé que él lo sostuvo particularmente por mi actual visión cristiana, que me ha calmado el espíritu más que el yoga. Sí, quiero y sueño cosas que antes incluso criticaba como ser esposa y madre, ¿debo tener culpa?

Tengo cinco años y pico (siempre quise escribirlo así) acompañando a un hombre que me hace feliz, sincero y consecuente en su pensar, por lo menos desde que lo conocí es así, antes, no lo sé. Pero cuando descubro citas de su historia que difícilmente saca a relucir, creo que siempre lo ha sido, historia que comenzó 12 años antes que la mía y que lo hace poseedor de tres lazos filiales con los cuales comparto agradablemente su amor. Hoy, queremos extender esos lazos a cuatro, pero se nos ha puesto un poco difícil.

Hace exactamente dos años que deje de tomar las pastillas antes de nuestro viaje de un mes al país del comandante Chávez, pensando que el calor revolucionario del caribe facilitaría las hormonas, los óvulos y los espermatozoides del amor, llevamos dos años intentándolo y por mucha revolución que le hemos puesto aún nada. Luego de 6 meses de dejar las pastillas fuimos a la doctora, me enviaron a hacer los exámenes de rigor y bingo. Ahí estaban nuevamente mis quistes, mi resistencia a la insulina y mis muchos kilos de más. Me dijeron: “Baje de peso, haga deporte, no se embarace por ahora. Podría ser riesgoso. Un gusto,  y venga en 3 meses”. Hice lo recomendado: comida saludable, pero sobre todo piscina. Tres meses después la doctora me dice: “sí, creo que están bien, bajaste ‘algo’ de peso, continúa así y súmale 1mg de ácido fólico diario a tu alimentación, es necesario antes del embarazo”. La felicidad me embargo y la ilusión creció, desde ahí mantuve un tiempo el peso y la vida saludable, pero un pequeño estrés familiar me desorganizó y desde entonces me ha costado retomar mi rutina saludable, sobre todo porque el cansancio que tengo no me empuja ni siquiera a ir a la piscina.

Cuando me toca ir nuevamente porque “no pasa nada” lo primero que me hace ver es que volví al peso anterior y mi resistencia a la insulina estaba alta nuevamente. “Sí, puede ser el estrés que estás pasando” dijo. Las preocupaciones y los problemas familiares del año pasado fueron más que en toda mi vida. Nuevamente me receto bajar de peso y en algunos meses más hacerme un examen, y me dio la orden para un “seguimiento folicular”. Llore demasiado cuando salí ese día de la sala.

Decidí cuidarme, puedo mantener una alimentación medianamente equilibrada, pero no puedo hacer deportes: ¡No me dan ganas! Así que sumé la acupuntura, que ya había probado antes, pero ahora la enfocamos en la ovulación. En tres meses y luego de muchas oraciones, la doctora me dice: “ovulas normal y no tienes quistes”. Pese a no tener el peso esperado me dio el alta. “Estas normal chiquilla, ahora sólo hagan las tareas” me dijo antes de irme.

De eso, han pasado 7 meses, y aún no tengo pancita de bebé y eso es lo que quiero. Quiero ser madre, embarazarme, casarme con un vestido de novia hippie blanco invierno y con una torta hecha por mi madre, con una ceremonia en la playa y con una recepción en la caleta de pescadores de algún lugar costero, con el mar de fondo. Quiero recibir la bendición para nuestro amor, las bendiciones de nuestros seres queridos y la felicidad de compartir con amigos leales.

Hace 10 años no añoraba tener un hijo como lo hago ahora, hace 10 años no pensé amar ni se amada como ahora. Entonces me pregunto inquieta; qué tan malo es cambiar de ideas durante el paso de los años. Soy socióloga, puedo contestarme que lo que quiero hoy se debe a las construcciones psico-sociales que se reproducen arbitrariamente en nuestra sociedad y que hacen que eso sea parte del ser mujer de 32 años hoy en Chile, pero me detengo y observo que lo que hoy soy no es más que una construcción propia y situada, en la cual no se oponen sino que dialogan, confluyen y se potencian en una historia única: mis anhelos de antaño y mis prioridades de hoy. Así entonces sólo me resta una pregunta. ¿Busco mi felicidad hoy? Y me respondo con mi ser mujer aquí y ahora: “Sí, igual que la buscaba hace 10 años atrás”. Y me quedo tranquila, sin culpa, a la espera de mi día de ovulación con una copa de vino en la mano.

Carolina Estroz Fernández: Chilena, socióloga de la Universidad de la Frontera. Cursa actualmente un Magíster en Psicología Comunitaria en la Universidad de Chile. Trabaja para el Consorcio de ONGs por los Derechos Ciudadanos (CPDC), en el equipo técnico de los10 proyectos de participación ciudadana.

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