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El poder de las mujeres para parar la guerra: los 100 años de WILPF

por Maribel Hernández

[créditos imagen: WILPF]

Todas sentimos un energía especial en el World Forum de la Haya. A finales de abril, un millar de mujeres procedentes de ochenta países distintos de todos los continentes del mundo nos reunimos en la capital de Holanda, conscientes del momento histórico que íbamos a compartir. Cien años atrás, el 28 de abril de 1915, nueve meses después del comienzo de la Primera Guerra Mundial, 1.136 mujeres se daban cita en el “I Congreso Internacional de Mujeres”. Durante cuatro días intercambiaron opiniones y estrategias con un único fin: parar la gran guerra, lograr la paz.

Eran periodistas, abogadas, activistas o médicas de Estados Unidos y Europa, convocadas por la socióloga estadounidense Jane Addams, que recibiría el Premio Nobel de la Paz en 1931. Ese día marcó el inicio del movimiento internacional de mujeres por la paz. Allí nació la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF). Cien años después, las razones que motivaron la creación de WILPF están más vivas que nunca. Para hacer frente a los nuevos desafíos del mundo y volver a unir nuestras voces en torno a la paz, las mujeres regresamos a La Haya a celebrar el centenario de la organización bajo el lema: “El poder de las mujeres para parar la guerra”.

 Las activistas por la paz del siglo XXI alzamos una voz unánime y reactivamos el movimiento, el de la liga de mujeres pacifistas más antigua del mundo. Su Manifiesto para los próximos cien años sigue manteniendo vivo el mismo espíritu: “la violencia no es inevitable. Es una opción. Nosotras elegimos la no-violencia, como medio y como fin. Liberaremos la fuerza de las mujeres para traer un mundo justo”.

“Hace cien años faltaba un continente. Hoy estamos aquí: África”. El plenario rompe en aplausos ante las primeras palabras que pronuncia Leymah Gbowee, una de las cuatro Premios Nobel de la Paz que participan en estos tres días de conferencias. Junto a ella están presentes la iraní Shirin Ebadi, la estadounidense Jody Williams y la irlandesa Mairead Maguire. “En 1964, Martin Luther King dijo que todas las mujeres que querían parar la guerra habían llegado en 1915 a La Haya en diferentes barcos, y lo que tengo que decir es que hoy todas hemos llegado en el mismo barco. La guerra es un hecho inútil. El valor de las mujeres es el combustible para buscar la paz”, prosigue esta liberiana, conocida por haber liderado una huelga de sexo en su país durante la guerra civil de 2003. Leymah Gbowee se convirtió así en la segunda africana en recibir el Nobel de la Paz.

“No tenemos cien años más”. Es la voz urgente de Edith Ballantyne, la activista de mayor edad entre las mujeres presentes. A sus 93 años, Ballantyne ha estado vinculada durante las últimas siete décadas a WILPF, más de setenta años de trabajo y experiencia. Su lucidez y fortaleza inspiran a las presentes, mujeres de todas las edades, creencias y orígenes. “En 1915 muchas mujeres no pudieron cumplir la cita porque sus países les negaron la visa”, recuerda. Paradójicamente, han sido también muchas las que no han podido viajar cien años después por la misma razón. Entre ellas, por ejemplo, la también Premio Nobel de la Paz, Tawakkol Karman, de Yemen. En algunas cosas, el mundo no ha cambiado mucho.

Shirin Ebadi: “Si hubiéramos lanzado libros a los talibanes en lugar de bombas hoy no tendríamos ISIS”

La inestabilidad y la violencia en Oriente Medio, así como el papel que desarrollan sus mujeres en medio del conflicto, ocupó un lugar destacado en las diferentes sesiones celebradas en La Haya. Activistas de Libia, Egipto, Siria, Irak, Palestina o Yemen pusieron rostro a sus luchas. Todas ellas, encabezadas por la iraní Shirin Ebadi, coinciden en resaltar la importancia de la educación. “Si se hubieran lanzado libros a los talibanes en lugar de bombas, si se hubieran construido escuelas en Afganistán -4.000 escuelas en memoria de las 4.000 personas que murieron el 9/11- hoy no tendríamos Estado Islámico”, dijo la iraní. “ISIS no es un simple grupo terrorista, es una ideología, y no se puede luchar contra las ideologías a través de las armas. Esta ideología solo puede enfrentarse con una correcta interpretación de la religión”, afirmó Ebadi, la primera mujer musulmana galardonada con el Nobel de la Paz en 2003.

La voz de las mujeres por la paz es una voz clara frente al patriarcado y la militarización de la seguridad. Miles de millones de dólares son empleados cada año en la compra de armamento, cantidad más que de sobra para satisfacer los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Algo falla, como bien recordó Madeleine Ress, Secretaria General de WILPF, la directora de esta colorida orquesta de mujeres. “Tenemos las Naciones Unidas, tenemos declaraciones de derechos, tratados, convenciones, conferencias, pero todavía no hemos sido capaces de traer la paz que pedimos”, destacó esta abogada inglesa. Rees, que reveló los abusos de derechos humanos cometidos en Bosnia-Herzegovina por fuerzas de las Naciones Unidas, una historia que inspiró la película The Whistleblower (2010), enmudece la sala. “Tenemos que reclamar la paz. Es más fácil no prestar atención, seguir con nuestras vidas, distraídas. Pero podemos unirnos. Cada una a nuestra manera. Todas podemos hacer algo, y si prestamos atención a lo que otras están haciendo entonces tenemos un movimiento. Somos más quienes queremos el fin de la guerra que aquellos que desean que continúe”, concluyó Rees.

El 28 de abril de 2015, WILPF renovó el compromiso de sus pioneras. Las activistas por la paz del siglo XXI alzamos una voz unánime y reactivamos el movimiento, el de la liga de mujeres pacifistas más antigua del mundo. Su Manifiesto para los próximos cien años sigue manteniendo vivo el mismo espíritu: “la violencia no es inevitable. Es una opción. Nosotras elegimos la no-violencia, como medio y como fin. Liberaremos la fuerza de las mujeres para traer un mundo justo”.

 Créditos imágenes:

[1] Li Grebäck00
[2] Mir Grebäck von Melen
[3] Mir Grebäck von Melen
[4] WILPF

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