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Sobre el tráfico de personas (2° Parte)

por Bessy Gallardo Prado

[Esta columna es la segunda de cuatro partes. Puedes leer la primera parte acá]

Ya he mencionado algunos ejemplos de tráfico de mujeres y explotación sexual en algunas partes del mundo. La situación en Chile no es muy diferente. He escuchado personas que dicen “es que las niñas salen de sus casas para ser prostitutas sabiendo lo que hacen, porque quieren ganar plata fácil”. Esta frase tan sesgada no es del todo verdadera.

En Chile las adolescentes son trasladadas desde distintas partes de nuestra geografía para ser llevadas a otras ciudades en donde son obligadas a ejercer la prostitución. No nos olvidemos de la “operación HEIDI” o el caso del Informe de la comisión Jeldres. En ambos casos se puede configurar el tráfico más allá de lo estrictamente legal, todas adolescentes que fueron violadas en sus derechos sexuales, todas con el denominador común del abuso de poder y la vulnerabilidad social y psicológica para conseguir fines de explotación sexual.

En todos los casos estos factores se suman para usar de las víctimas como verdaderas mercancías. Comercialmente hablando es un negocio muy lucrativo, el “producto” del cual hablamos puede “usarse” muchas veces dentro del mismo día, y si no sirve se elimina para conseguir nuevos “productos”. Las víctimas contraen deudas por conceptos de traslados, pasaportes falsos, estadías, pseudo protección de proxenetas y tratantes, además se les obliga a consumir drogas que también son sumadas a sus “cuentas” personales lo que aumenta la deuda; debemos considerar que una víctima drogada se hace más sumisa.

El caso de la “Operación Heidi” devela lo indefensas que se encuentran nuestras adolescentes más vulnerables, según el relato dado a “The Clinic”, la adolescente víctima de una red de explotación sexual cuenta de cómo era su vida, sólo cursó hasta 8vo básico, madre de dos hijos a sus cortos 17 años, sin apoyo de su familia, sin apoyo del padre de sus hijos, llevada por una vecina al departamento de calle Lira. Allí comienza su calvario, encerrada, obligada, donde debía mentir sobre su edad según el cliente, una niña a cargo de la vida de dos niños, ¿Cómo es posible que ella quisiera “trabajar” en eso voluntariamente? Con ofrecimientos de una vida mejor y de un sueldo superior al de cualquier niña de su edad ¿no es acaso presa fácil de traficantes de personas?…

Estas ideas rondan mi cabeza, soy madre de 3 hijos, fui madre muy joven, la diferencia es que siempre he tenido el apoyo de mi familia en cada empresa que he llevado a cabo. Ella no contaba con dicho apoyo. En Chile no hay planes de educación que le digan a nuestras niñas y adolescentes que hacer en caso de que alguien por internet les ofrezca este tipo de trabajos, tampoco hay sistemas integrales que protejan los derechos de madres adolescentes y que les brinden ayuda para independizarse y salir adelante con sus hijos sin la necesidad de recurrir al comercio sexual. Entonces, ¿Cómo podemos decir que las niñas salen de sus casas queriendo ejercer la prostitución?

Por otra parte tenemos el caso del Informe Jeldres, el que evidenció redes de explotación y tráfico de adolescentes y niñas en hogares del Servicio Nacional de Menores. De acuerdo con el informe enviado desde la ciudad de Arica, niñas y adolescentes pertenecían a una red de Trata y explotación sexual infantil con fines comerciales la cual se llevaba a cabo con conocimiento de personal nocturno de uno de los centros de estadía en la ciudad. El informe también muestra que hay adolescentes con VIH Sida sin tratamiento y que al menos tres adolescentes sufrían de cáncer cérvico uterino producto de las violaciones de las cuales fueron víctimas. Como podemos ver, para tratar mujeres y adolescentes es necesario el abuso de poder, la coacción, el abuso de la situación de vulnerabilidad, el engaño e incluso la corrupción. Al abusar del poder y generar corrupción a nivel de estado los tratantes de personas obtienen impunidad y es difícil que sean descubiertas y juzgadas por este delito.

En todos los casos, estos factores se suman para usar de las víctimas como verdaderas mercancías. Comercialmente hablando, es un negocio muy lucrativo, el “producto” del cual hablamos puede “usarse” muchas veces dentro del mismo día, y si no sirve se elimina para conseguir nuevos “productos”. Las víctimas contraen deudas por conceptos de traslados, pasaportes falsos, estadías, pseudo protección de proxenetas y tratantes, además se les obliga a consumir drogas que también son sumadas a sus “cuentas” personales lo que aumenta la deuda; debemos considerar que una víctima drogada se hace más sumisa. Junto a esto, se les maltrata física, sexual y emocionalmente, quiebran su confianza en la policía y en las instituciones, les quitan su dignidad, su libertad, dejan de ser personas para ser mercancías. También recurren a la violencia hacia sus familias para mantenerlas presas, es todo un negocio muy bien planeado para que la víctima no denuncie jamás a sus captores y estos mantengan la impunidad.

Pero las mujeres y niñas víctimas de trata de personas no sólo ejercen forzadamente la prostitución. La industria de la pornografía se hace cada día más grande y poderosa. Esta industria en países en desarrollo, los cuales tienen legislaciones débiles en cuanto a la protección de los derechos humanos de mujeres y niños, es un gigante difícil de sortear. Según la organización sueca “Terre Des Hommes” en países como Indonesia, los niños y niñas comienzan en cámaras web desde los 6 años, en donde son obligados a masturbarse para hombres que están en todo el globo, esta forma de tráfico y explotación es “segura” tanto para el que trafica, como para el que “compra”, ya que se puede saldar con medios de pago seguros que no dejan rastros y en donde los niños y niñas pueden ser escondidos de mejor forma. A diferencia del “turismo sexual” internet se vuelve una herramienta eficaz para explotar personas (ver campaña de Terre des Hommes a propósito de la explotación sexual de niñas en Asia).

No olvidemos de lo que dice la convención de Palermo, el tráfico de personas no sólo se trata de sacar a mujeres y niñ@s de sus países de origen para llevarlos a otros, en retener y mantener a una persona con fines de explotación, de todo tipo, por medio de la fuerza y la violencia, también configura el delito de tráfico de personas. Debemos derribar el sesgo de que el traslado que atraviesa las fronteras de los países configura el tráfico. Lo que lo hace “trata” de personas es la coacción, el abuso, y el explotar a un humano quitándole algo tan importante como su libertad y dignidad.

3 Comments

  1. Pingback: Sobre el tráfico de personas (3° Parte) | Las Simones

  2. Pingback: Sobre el tráfico de personas (4° Parte) | Las Simones

  3. Anónimo says

    llegué por casualidad a esta página, artículo pésimamente redactado, asumo lo hizo un niño de una escuela.

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