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Entonces, ¿Qué eres tú?

por Japanesa, publicado originalmente en su blog

Varias amigas creen que todos los seres humanos somos bisexuales y que si no lo hemos experimentado es netamente por un tema cultural. Yo pienso que es difícil definir categorías sexuales, porque muchos ni siquiera buscan encajar en alguna de ellas y viven tranquilos desapegados de cualquier normativa social, moral o cultural.

Como pienso que existen tantas posibilidades como personas en el mundo, no defiendo con pasión mi postura y sólo busco las respuestas que me ayudan a vivir una vida feliz, tranquila y cuidadosa, para no dañar a costa de mi felicidad a quienes amo. “Entonces, ¿qué eres tú?”, me han preguntado (cuando son cercanos no me molesta), pero no deja de parecerme una duda mal formulada. Lo primero que pienso es soy muchas cosas y sólo una de ellas tiene que ver con mi orientación sexual: Soy mujer, mamá, periodista; soy perseverante, tímida con los desconocidos y desenvuelta con los míos, entre millón de otras cosas buenas y no tanto.

 ¿En qué medida el amar a otra mujer me determina como persona?, ¿Me suma o me resta algo?, ¿Es relevante ese dato para alguien que no es mi pareja? Lo deprimente de estas preguntas es que podría recibir un “sí”.

Pero, ¿En qué medida el amar a otra mujer me determina como persona?, ¿Me suma o me resta algo?, ¿Es relevante ese dato para alguien que no es mi pareja? Lo deprimente de estas preguntas es que podría recibir un “sí”. Amar a otra mujer probablemente me cueste perder muchas de las victorias que pude tener hasta hoy y deba aceptar las consecuencias de este repentino cambio de imagen. ¿Volveré a ser nombrada en la mesa como ejemplo de perseverancia?, ¿Dejaré de ser vista como una buena mamá? y finalmente, ¿Tendré que dejar de lado al amor de mi vida para conservar este aprecio? Después de dos años pensándolo, me parece triste e injusto estar dispuesto a negarse con tal de recibir amor y respaldo de tu núcleo cercano. El amor no vale nada si no existe confianza y verdad entre las partes.

He amado dos veces y ambas historias han sido reales. No sirvo para guardar apariencias y no puedo con incomodidad de la omisión. Con 26 años, hay sólo un miedo que me frena y es el de evitar por todos los medios que mi hijo reciba todo lo malo de esta sociedad. Me aterra pensar que deba enfrentarse al mundo a tan corta edad, pero también sé que no puedo evitarle todas las penas y dolores que implica crecer y conocer la realidad en toda su dimensión.

De cualquier forma, no hay salvación: Si no es por gordo, será por flaco, dientón, colorín o moreno. Si es guapo tal vez lo tildarán de gay y si es buen alumno será el “loser”. Afortunadamente, no nos construímos en base a los calificativos que se nos adjudican a lo largo de nuestra vida, sino sería horrible: Seríamos un Frankenstein de lindo pelo, ojos rojos, buenas piernas y cara fea. Yo creo que ni la mente más creativa puede llegar a imaginar todo lo que se ha dicho sobre nuestra propia humanidad.

Yo como mamá, periodista, blanca que ama a morena, pecosa y sin muchas curvas, soy muy feliz. Y si a la vista de esos ojos café/ojerosos/hermosos soy la más linda, no necesito más.

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