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Yo tengo un secreto

por Valeria Reyes Zaragoza

Yo tengo un secreto. No sé si deba contarlo, pero a éstas alturas, ¿ya que chingados no? Me está carcomiendo las entrañas. Hoy pensé en gritarlo, en matarme, pero soy una cobarde.

Desperté, mi cuerpo lo hizo. Yo, sigo igual, somnolienta, dudando. Cómo extraño a mi familia, pero sé que no puedo volverlos a ver, no quiero que mueran, prefiero que vivan en lo poco que me queda de memoria y yo, morir. Lo que más recuerdo es la época de Navidad, cuando dejábamos las peleas atrás mis hermanas y yo, eran los días más perfectos. Me meto a bañar, me arreglo, como siempre, cargo mi arma y llamo para ver mi itinerario. Ser cuando se es lo que soy, dormir es como un parpadeo. A muchas les gusta maquillarse para verse más guapas, yo, odio verme bien, ojalá hubiese nacido deforme, así jamás me habrían llevado.

 Yo lo veía seguido por ahí, pasaba con sus amigos, bueno, con los de su trabajo. Me flechaba con cada mirada, y  yo, me quedaba de tonta. Nadie se imaginaba que me iría con él. Yo soy extrema, a veces, hago lo que me place sin importar que alguien me lo prohíba.

Yo lo veía seguido por ahí, pasaba con sus amigos, bueno, con los de su trabajo. Me flechaba con cada mirada, y  yo, me quedaba de tonta. Nadie se imaginaba que me iría con él. Yo soy extrema, a veces, hago lo que me place sin importar que alguien me lo prohíba.

Su cabello largo me encantaba, porque cuando cogíamos le gustaba que se lo jalara, él me trataba como me gusta, me lamía con dulzura y con sentido, no como los demás tipos con los que yo había estado que me decían princesa y me acarician tierno, pero no tienen idea de lo que hacen durante el sexo. Ya después, me acariciaba la cara, me decía te amo.

Antes, la madera me recordaba su olor, ahora me huele a azufre, su amor me huele a infierno a calor. Un día, él me dijo que nos fuéramos, que me enseñaría todo lo que sabe, y me fui. Poco tiempo después me ofrecieron un trabajo, más bien, me lo impusieron y ya ahí, me utilizaron.

No comprendo cómo es que él no hacía nada, se quedaba viendo. Ellos me tocaban, me enterraban los dientes, me rasgaban la carne penetrándome, golpeaban mi libertad y mi mente estaba en él. Cuando te apuntan con un arma decides no hacer. Porque, ¿Y de que serviría? Si uno muere ya no está, ¿pero, que es la vida sin poder vivir? Me convertí en un arma, un objeto para uso cotidiano, estaba siendo carnada y el amor quedó atrás. ¿Sabes? A veces el amor es morir.

Uno muere poco a poco, como cuando torturábamos a esas personas y su sangre caía gota a gota, chorreando el suelo y las paredes, así caían las lágrimas dentro de mí yo me desmoronaba.  En la vida a veces hay que fingir. Degollé vidas, como la mía, como la tuya, como la de todos. Nunca pensé que haría éstas cosas, las miraba en pesadillas, pensé que estaban lejos de mí, que jamás me alcanzarían. Los sueños se vuelven realidad.

Pero esto no es realidad, debo estar soñando ¿Quién soy? Ya ni sé. ¡Maldigo al olvido!. Aprender, es recordar, pero cuando se aprende a matar, se olvida todo. Un día tuve que cortar una cabeza, no fue en nada como mi primera lección. De ver se aprende, supongo que de tanto observar me volví profesional, sólo hay que encontrar y pasar por la espina. Supongo fue un talento de principiante, cómo cuando atinas al centro de la diana con una flecha la primera vez. Igual a los pendejos les excitaba la idea de una mujer asesinando.

Recuerdo cuando fui libre…

Yo tengo un secreto. ¿Y tú?

4 Comments

  1. ¡Sublime! Hiciste uso magnífico de las palabras. Cada párrafo transmite diversas cosas. Las acciones en pro del amor que ella sentía por ese hombre la llevaron a no querer ni verse al espejo. Al parecer, uno se puede adaptar a cualquier cosa. Me encantó la historia y todo lo que hay de fondo.

    • Anónimo says

      Exacto era justamente lo que quería transmitir. Como nos perdemos a nosotras mismas por amor y entregamos todo sin siquiera notarlo, al grado de ponernos en riesgo y desvalorizarnos por completo. Yo creo que todas lo hemos vivido alguna vez aunque sea en menor grado. Por eso es importante amarnos siempre a nosotras mismas como amamos a los demás. A veces confundimos el amor con muerte. Es como un suicidio donde asesinamos nuestros intereses, pasiones e incluso la personalidad, convirtiéndonos en esclavas. Al menos esa es mi manera de verlo y sentirlo.

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