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17, un número que duele: sobre el aborto en el Salvador

por Bertha Massiel Sánchez Miranda 

En El Salvador 17 es un número con un significado que las feministas de la región hemos conocido con mucho dolor.

Son 17 las mujeres encarceladas por aborto espontáneo, que fueron atendidas y denunciadas en los hospitales públicos, 17 mujeres con condenas de hasta 40 años que piden al parlamento las indulte para volver a sus casas con sus hijos y familiares. Estas mujeres salvadoreñas que fueron procesadas sin el derecho a una adecuada defensa y sin presunción de inocencia, fueron condenadas por el delito de homicidio agravado en un país en el que asesinaron a 292 mujeres en el 2014, tragedia que se repite cada año y en el que muchos casos quedan en la impunidad. Las 17 fueron llevadas a la cárcel de mujeres de Ilopango, en un país en el que el asesinato, violencia, acoso y discriminación hacia las mujeres no es aún razón de alerta nacional, sin embargo, se ha juzgado con saña a mujeres que casi pierden la vida por complicaciones obstétricas, a las que se estigmatiza, agrede y acusa cada día por haber sobrevivido.

 Si después de leer esto nos parece terrible e injustificable, es importante saber que las 17 no son las únicas ni las primeras que pasan por este calvario. Puesto que desde 1997, tras los acuerdos de paz que aún no devuelven la tranquilidad a este país centroamericano azotado por una de las más criminales dictaduras militares, se penalizó toda interrupción del embarazo, aún si de esto depende la vida de las mujeres.

Si después de leer esto nos parece terrible e injustificable, es importante saber que las 17 no son las únicas ni las primeras que pasan por este calvario. Puesto que desde 1997, tras los acuerdos de paz que aún no devuelven la tranquilidad a este país centroamericano azotado por una de las más criminales dictaduras militares, se penalizó toda interrupción del embarazo, aún si de esto depende la vida de las mujeres. Desde entonces, se ha documentado casos de 129 mujeres [i]penalizadas por sobrevivir a las complicaciones graves del embarazo.

Casos como el de Manuela, una mujer del área rural de El Salvador que fue condenada a 30 años [ii]de cárcel después de tener un parto prematuro provocado por el cáncer que padecía y que murió en la cárcel por el mismo cáncer mientras pagaba el segundo año de condena. Historias como la de Beatriz, joven de 22 años que convocó la solidaridad de la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico, quienes la acompañaron en su lucha por la interrupción del embarazo con malformaciones incompatibles con la vida que acentuaba el lupus que vive y que logró la interrupción del embarazo después de semanas de espera y de denuncia incluso a nivel internacional. Testimonios como el de Guadalupe[iii], joven del municipio de Cuscatlán, encarcelada a los 18 años y que en el mes de enero del 2015 fue indultada después de pasar 7 años presa, la única de las 17 que ha recibido el indulto hasta la fecha. Estas mujeres conocen de primera mano la sensación de impotencia, de abandono por las instituciones, de injusticia y la angustia de la muerte inminente ante un estado inclemente.

Ahora seguramente nos preguntamos; Por qué?. Quizás porque estas mujeres tienen tres condiciones castigadas por el sistema capitalista, patriarcal y racista: son mujeres, pobres y del tercer mundo y esto las hace ser consideradas menos humanas. Son mujeres atravesadas por múltiples opresiones, que evidencian con sus vidas la desprotección del estado, la influencia de los poderes conservadores y la indiferencia social.

El contexto Salvadoreño es la suma de muchas injusticias y también el testimonio de resistencia de los movimientos sociales, de la denuncia constante de las defensoras de derechos humanos que exigen que no existan más Manuelas, Beatriz o Guadalupes, que acompañan y defienden a las mujeres condenadas y que les duele esta realidad. Por todo esto, es lógico que tengamos esa sensación de dolor de estomago por la rabia y tristeza al leer estas líneas, que es la misma que me genera a mí el escribirlo. Sin embargo, quiero invitarles a que esa sensación incómoda nos sirva para denunciar lo que sucede en El Salvador con las mujeres, nos invite a solidarizarnos con las compañeras defensoras de derechos humanos que cada día denuncian los casos de mujeres condenadas a pesar de la persecución y acoso de los poderes conservadores y económicos en ese país Centroamericano. Por un compromiso con la justicia y porque en el Salvador siguen habiendo mujeres encarceladas y siguen habiendo familiares e hijos que las esperan en sus casas.

Referencias:

[i] Investigación: Del hospital a la cárcel. Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico. (2012).

[ii] Al borde de la muerte. Amnistía Internacional. (2014).

[iii] Indulto y libertad en El Salvador. Expressate.net

Bertha Massiel Sánchez Miranda: Nicaragüense, Licenciada en Trabajo Social. Integrante del Movimiento Amplio de Mujeres de Nicaragua. Actualmente realiza su tesis sobre trabajo sexual: el debate (o la ausencia de debate) sobre trabajo sexual en el movimiento feminista de Nicaragua

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  1. EN ESTADOS UNIDOS HAY CASOS COMO ESTOS: Y SE MULTIPLICAN LAS CLINICAS CATOLICAS CON EL CAPITAL DE MEDICARE QUE NO AVALAN EL ABORTO NI EN CASOS LIMITES

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