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El sueño de la casa propia

por Daniela Acevedo

Tengo 30 años y llevo un mes viviendo sola, antes vivía en la casa de mi padre y de mi madre, donde además conviven tres hermanas más, tres perros, dos gatos, un gallo, dos gallinas, una eriza y miles de plantas.

El proyecto de vivir sola, lo arrastro desde que tengo memoria, pero me demoré un poco porque quería hacer las cosas de manera consecuente con la forma en como entiendo la vida. Quería comprarme mi casa vendiéndome lo menos posible al sistema y tratando de proteger mi alma de las instituciones bancarias y comerciales. Así que comencé a trabajar desde pequeña, a ahorrar todo lo posible dentro de las posibilidades, hasta que lo logré, me compré mi casa al contado y en efectivo a mis 30 años, sin pedirle nada a nadie.

El otro día, una de las personas que trabaja en el edificio me dijo: “pobrecita, vive sola” y durante la misma semana otra persona que también trabaja ahí me dijo: “hay que ser valiente para vivir sola”.

En este proceso, que ha sido largo, aunque no tanto dependiendo del punto de vista, me ha tocado enfrentarme a diferentes situaciones y variadas críticas, pero en esta ocasión quiero desarrollar una en particular: ser mujer y vivir sola. El otro día, una de las personas que trabaja en el edificio me dijo: “pobrecita, vive sola” y durante la misma semana otra persona que también trabaja ahí me dijo: “hay que ser valiente para vivir sola”. Estas dos percepciones quedaron rondando mi cabeza y me hacen reflexionar en torno a diferentes ideas y pre-conceptos, porque lo primero que pensé es que no entiendo la razón por la que debería sentirme “pobre” por vivir sola, si a modo personal para mi significa todo lo contrario, y tampoco entiendo porque debería sentirme valiente de vivir sola, si para mi es algo totalmente natural.

Ahora, al detenerme un poco y pararme a mirar desde otro punto de vista, logro visualizar la cantidad de pre-conceptos que existen en torno a la idea de la casa propia y de cómo esta en la mayoría de los casos se piensa en función de la formación de una familia o a la vida en pareja, y si bien me parece una idea válida, también es importante mencionar que existimos muchas personas que pensamos de otro modo, porque no necesitamos aferrarnos a una idea de familia o de pareja para pensar en irnos de la casa de los padres, que no nos vamos porque nos echen o porque nos vamos a estudiar a otro lado, nos vamos por el simple hecho de querer hacerlo, y no porque no nos queda de otra, nos vamos por la necesidad de querer crear un espacio propio en el que puedas sentirte libre, en el que todas las cosas dependen de ti, en el que todas las cosas son decididas por ti, y por nadie más, y para muchas personas esa sensación de “libertad” es razón suficiente para tomar la decisión de vivir sola, de ser tú con tus pensamientos, con tus sentires, con tus tristezas, con tus alegrías, con tu cuerpo, con tu hambre, con tu ansiedad, con tus mañas, con tu sexualidad. Tener un lugar en el que no hay que darle explicaciones a nadie, donde no tienes que responder a reglas que te parecen absurdas o a cánones correctos de comportamiento, ni menos al deber ser. Un lugar donde no juzgas ni te juzgan, un lugar donde no esperas ni te esperan, sino que simplemente eres a la hora y el día que quieres.

Por otro lado, también me ha tocado enfrentarme al prejuicio de que voy a terminar siendo una vieja sola, amargada y llena de gatos, porque si una mujer vive sola se tiende a pensar que es porque no te quedó de otra, porque eres la pobre y triste solterona, pero en cambio, si un hombre vive solo es una persona exitosa, inteligente e independiente que se liberó de los cachos. Es increíble que de una u otra forma, todas las decisiones que tomamos aunque sean libres, autónomas e independientes, de una u otra forma la sociedad las reinterpreta en torno a este especie de “dogma”, y a partir de esto mismo, quiero recalcar, la siguiente idea: existimos muchas mujeres, así como también muchos hombres que decidimos libre, autónoma y voluntariamente aventurarnos en una forma de vida diferente; tomar un camino alternativo al “establecido” y no por eso somos “pobres” o “valientes”, sino que simplemente somos.

5 Comments

  1. dudo que haya algo menos “libre” y “establecido” que la propiedad de la vivienda. El “sueño de la casa propia” es tan neoliberal como el discurso lleno de exitismo que en la actualidad rodea al “sentirse libre” “no dar explicaciones a nadie”, etc…la atomización, individualización y transformación de la familia es funcional al consumo, consumo de experiencias por sobre bienes. Por supuesto que aún quedan resabios de críticas tradicionalistas, pero caer en el extremo de pensar que esta decisión escapa de toda influencia cultural, es lo más posmoderno y equivocado que hay.

  2. por lo mismo la palabra “libertad” está entre comillas … claramente el foco está en los estereotipos que existen en torno al hecho de ser mujer y vivir sola, en el hecho de ser mujer y tener “acceso” a optar a un espacio que sea tuyo, puesto que históricamente es el hombre el que proveía de este bien y no habían muchas más opciones, por otro lado, igualmente era importante mencionar el hecho de no esclavizarte en un crédito hipotecario, esos espacios mínimo de “libertad” a los que se puede optar … en un sistema en que claramente seguimos siendo esclavos … y qué mayor esclavitud que los créditos ….

  3. Hola Danila, interesante relato, q bueno q pudiste ahorrar y cumplir tu objetivo, como te encuentro en facebook. Saludos

  4. Alberto says

    La vida no es simplona ….ya partes en desventaja eres mujer a eso sumale normas de conducta impuesta, carga social y moral. A romper el paradigma.

  5. Pamela says

    puedo estar muy de acuerdo con el discurso feminista, en tanto que es necesario, por cierto la emancipación económica. Pero, me parece tremendamente neo liberal tu discurso, ya que defiendes la idea de ese individualismo de profesional exitosa, en que no me parece nada de alternativo y consecuente, sino que funsional al modelo. La verdadera revolucion se construye con organización.

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