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Rompiendo esquemas desde el convento: Sor Juana Inés de la Cruz


por Andrea Uribe

Es innegable que el pensamiento patriarcal a través de los siglos, si bien consideraba a la mujer como un actor constituyente de la vida social desde tiempos remotos, lo hacia desde una perspectiva secundaria y en un rol asistencial para con el protagonista oficial de la actividad humana: el hombre.

En todas las esferas de actividad humana, se justificaba y legitimaba la autoridad masculina única, y esto parece quedar claro en el pensamiento de importantes personajes de la producción intelectual, tales como Locke, Rosseau, Hume, Kant, Comte, o Michelet.

Pero, ¿sumergida en las fronteras del matrimonio y la maternidad, es posible que la mujer del pasado encontrase alguna instancia para el desarrollo cultural y la producción artística o intelectual? En muchos casos, el convento fue una especie de máquina de producción de identidad femenina y un medio de activación en el cual (independientemente de la actividad religiosa) la mujer pudo validarse.

El hombre y la mujer se consideraban entidades en conflicto, es decir antagónicas. Esta idea se refuerza con el enfoque positivista de la ciencia, y que se empeña en postular cierta inferioridad biológica basada en la naturaleza sexual y de supuesta incapacidad emocional femenina para el conocimiento racional. El mundo de la mujer estaría compuesto por la naturaleza, la familia y los sentimientos, mientras que el hombre habitaría en el mundo racional y de producción cultural. Bajo este enfoque, las mujeres no poseían las condiciones biológicas necesarias para asumir conocimientos racionales e intelectuales lo que dejaba entrever aquel viejo temor de que la influencia femenina fuese ascendente en temáticas políticas. Según el pensamiento de Beauvoir, se desprende que la mujer permaneció confinada en la inmanencia, en una prisión confundida con el mundo y encerrada en sí misma.

Sin embargo, y pese a este confinamiento cultural, las inquietudes creativas se manifiestan en la mujer en forma fecunda y a lo largo de la historia en un sentido transversal y universal en todas las áreas de la producción humana. Pero, ¿sumergida en las fronteras del matrimonio y la maternidad, es posible que la mujer del pasado encontrase alguna instancia para el desarrollo cultural y la producción artística o intelectual?

En muchos casos, el convento fue una especie de máquina de producción de identidad femenina y un medio de activación en el cual (independientemente de la actividad religiosa) la mujer pudo validarse. Es por ello mi interés por plantear a la producción literaria de las religiosas como un patrimonio cultural invaluable, una evidencia que nos puede develar las voces femeninas del pasado que decidieron abrirse un camino a través de la literatura. Hubo un reducido grupo de mujeres que en contraposición al matrimonio optaron por ser monjas, hallando en el claustro un espacio de instrucción, participación y desarrollo en los ámbitos académicos, artísticos, sociales y políticos; abriéndose paso como un agente que pese a ser marginado, no estuvo necesariamente ausente de la producción intelectual y cultural.

En efecto, a través de la literatura es posible reconocer elementos y rasgos femeninos que se desprendieron de lo convencional (tradicional doméstico). Investigando sobre estás temáticas, conocí la figura de la mexicana colonial Sor Juana Inés de la Cruz, quien es una de las letras más brillantes de la literatura hispanoamericana e inclusive me atrevería a asegurar que lo es para un espectro universal. Sor Juana, se perfila además como un líder y un referente para los intelectuales de la época, siendo gestora de actividades culturales y de grandes tertulias dentro del claustro.

La figura de Sor Juana es inspiradora, puesto que se erige para muchos entendidos en la materia como la primera feminista intelectual, fue conocida como “la décima musa” o “el ave fénix de América” y se constituye hoy como un símbolo femenino dado su innegable talento, pero además por la aguda crítica social que esgrimía a través de la pluma, desafiando a las autoridades políticas y religiosas de la época. Sor Juana, nos enseña a ser dueños de nuestro propio destino y a coger lo que está a nuestro alcance para desarrollar nuestros sueños y talentos.

En las indagaciones descubrí que mantenía un intercambio epistolar recurrente con el obispo de Puebla Manuel Fernández de Santa Cruz quien bajo el pseudónimo de Sor Filotea le criticaba (pese a la admiración intelectual que públicamente le manifestaba) sobre su afición de aprender sobre ciertos temas filosóficos y profanos ante las temáticas teológicas.

Sor Juana Inés de la Cruz no sólo se defendió brillantemente asegurando que su instrucción en todas las materias le facilitaba el comprender de mejor forma las escrituras sagradas, si no que en su contestación denominada “En respuesta a la muy ilustre Sor Filotea” da mayores luces sobre el contexto histórico colonial desde una perspectiva femenina. El texto, que se presenta en formato epistolar y que luego adopta las formas de memoria, alegato y ensayo se ha transformado en un invaluable documento autobiográfico que nos permite comprender los intereses y motivaciones de una mujer intelectualmente brillante pero totalmente limitada en la sociedad patriarcal.

Sor Juana Inés de la Cruz expone los principales motivos por los cuales decide hacerse religiosa: la negación al matrimonio y la maternidad y por supuesto se hacían notar, junto su notable afición por los estudios señalaba que el convento fue una opción salvadora ante estas inquietudes tan transgresoras para la época. Pese a la exquisitez de su actividad letrada, la obra de Sor Juana Inés de la Cruz concierne además composiciones y estudios en música, artes escénicas y ciencias naturales, llegando incluso a realizar algunos experimentos científicos en el convento.

La vida y obra de esta religiosa mexicana se divisa como una línea de búsqueda hacia el descubrimiento de otros talentos femeninos reprimidos, o tal vez escondidos. Si bien es probable que las figuras femeninas que se revelaron en contra del rol secundario y limitado en cuanto a lo cultural, social y político, sean en consideración numérica mínimas, y aunque casos como el de Sor Juana se constituyan como oasis aislado de producción cultural, es necesariamente es una temática digna de análisis y rescate.

Fuente imagen: México Desconocido http://tinyurl.com/7ryuq4y

Andrea Uribe (1990): nace en la ciudad Puerto Varas, Chile. Es Bachiller de Historia y Geografía y diplomada en Gestión del Patrimonio Cultural. Se ha desempeñado laboralmente como conductora radial y se destaca como columnista en importantes medios de prensa digital. Sus creaciones literarias recorren los ámbitos tanto académicos como artísticos. Posee trabajos inscritos en el Registro de Propiedad Intelectual, tales como el compendio poético “Idolatría” y el cuento “El olvido”. Participa de la obra “Para ni Roncar” de Balmaceda Arte Joven, publicando con la agrupación en 2014 el microcuento “Sociedad Imaginaria”. En el año 2015 publica con la revista MGC de la escuela de Postgrado de la Universidad de Chile el artículo sobre gestión cultural “Permeabilidad territorial”.

 

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