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Sobre la violencia obstétrica

por María Cecilia Rivera

Hace algunos años atrás una amiga tuvo a su primera hija. El día del parto estábamos todos expectantes y contentos, una experiencia increíble en la vida de alguien. Pero lo que no se me olvidó de ese día, no fue tanto la felicidad al ver que todo salió bien, ni los nervios de la espera, sino del abuso del que fue testigo mi amiga.

Ella era sólo una niña de 15 años que llegó a la sala de maternidad ya lista para dar a luz. Estaba asustada era su primer parto, pero a pesar de acogerse al programa Chile Crece Contigo que garantiza el derecho a las mujeres a estar acompañada durante el preparto y parto, a la joven no le permitieron estar con sus familiares argumentando distintas razones inconsistentes.

El abuso del que fue objeto esta joven de 15 años recibe el nombre de violencia obstétrica y consiste en maltratar en forma física o psicológica, medicar sin informar o practicar cesarias innecesarias sin el consentimiento ni la plena información de la madre. Se estima que en Chile el 92% de las mujeres embarazadas sufre este tipo de violencia.

Durante la espera mi amiga se quejaba de fuertes dolores, pero las matronas sólo le respondían que, así como le gustó abrir las piernas con el pololo, ahora tenía que saber aguantar, además siendo joven debería tener mayor resistencia que las otras futuras mamás de mayor edad. Pasaban las horas y como el proceso de parto no avanzaba la obligaban a caminar por los pasillos aun cuando la adolescente no podía mantenerse en pie, todo esto bajo las amenazas constantes que el bebé nacería muerto si no les obedecía. Lloró y recibió insultos la mayor parte de las 9 horas que duraron sus labores de parto hasta que finalmente fue llevada a dar a luz.

El abuso del que fue objeto esta joven de 15 años recibe el nombre de violencia obstétrica y consiste en maltratar en forma física o psicológica, medicar sin informar o practicar cesarias innecesarias sin el consentimiento ni la plena información de la madre. Se estima que en Chile el 92% de las mujeres embarazadas sufre este tipo de violencia. El miedo, el dolor físico, la falta de información e incluso el aislamiento durante el proceso de parto vuelve a las mujeres un grupo altamente vulnerable.

Por lo general estos hechos tienen un bajo porcentaje de denuncias ya que las propias gestantes no conocen en detalle cómo se lleva a cabo un parto de manera correcta, pero un hecho que está ayudando a hacer más visible esta realidad es el alto número de cesáreas que se practican en Chile. Según datos entregados por el Minsal, el 50% de los nacimientos fueron realizados a través de cesáreas, cuando la recomendación de la OMS es que este número no sea mayor de un 10 a 15% del total de nacimientos.

La mayoría de las cesáreas se practican en el sector privado, lo que no tendría explicación clara ya que en ese sector se encuentran las mujeres con mejores situaciones económicas, educacionales y de mejor salud por lo tanto no se justificaría un índice tan alto. No obstante, el problema que se presenta en este caso es el lucro. Los nacimientos dejaron de ser procesos naturales para ser procesos mecanizados y de interés monetario. Los partos por cesáreas son mucho más lucrativos para las clínicas llegando al punto de conocerse casos en donde los ginecólogos le practican a sus pacientes distintos tipos de maniobras como la de Hamilton, desaconsejada por la OMS, que consiste en romper la membrana durante el tacto vaginal lo que puede provocar que la mujer pase días sangrando y perdiendo líquido amniótico lo que obliga a realizar cesáreas de urgencia, logrando así forzar un proceso que tendría que ser natural sólo porque es más lucrativo para la clínica y más cómodo para el doctor ya que puede calendarizar los nacimientos según su tiempo y disposición.

Por lo general las denuncias por violencia obstétrica no llegan a buen puerto ya que no contamos con una ley que consagre de forma legal el concepto de “Violencia Gineco-Obstétrica” por lo tanto estos hechos no corresponderían a delitos, realizándose sólo sumarios internos dentro de los establecimientos de salud públicos y privados. Ni siquiera son mencionados en el código de ética del Colegio de Matronas ni es reconocida por la Sociedad Chilena de Ginecología y Obstetricia. Tampoco el SERNAM lo ha incluido en sus programas como un tipo de violencia de género. En este momento existe un proyecto de ley que tipifica como delito este tipo de violencia, el cual fue presentado en el Congreso el año 2015 sin mayores avances en el proceso hasta el hoy.

Todos estos abusos se generan porque la mujer es concebida como un objeto reproductor, por lo tanto, lo único relevante es el nacimiento del bebé. El maltrato que recibe la mujer, el daño a su cuerpo no es importante ya que su función principal es ser una incubadora, lo que resulta irónico si pensamos en lo conservador que son los legisladores de nuestro país en donde han dificultado enormemente la aprobación de leyes que protejan la vida reproductora de las mujeres. Podemos ver que los políticos son en realidad Proparto, sin embargo, esto debería implicar que se preocupen por el bienestar de las mujeres embarazadas.

En este momento existen muy pocas organizaciones que trabajen la problemática. Existe sí el colectivo llamado “Basta de Violencia Obstétrica” que cuenta con información y orientación sobre el tema para que puedan investigar sobre esta problemática si sienten que fueron víctimas de estos abusos.

http://bastadeviolenciaobstetrica.com/

https://www.facebook.com/bastadeviolenciaobstetrica/

Fuente imagen: Pixabay.com

 

1 comentario

  1. Gloria says

    Qué interesante que se pueda leer sobre los distintos tipos de Valencia y que preocupante que aún sea de norma general y no genere el ruido necesario para hacer cambios en la ley y en la conciencia de las personas

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